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Prólogo a la pr..
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Hace algunos años leí con detenimiento y gran interés en una de las mejores revistas de medicina, si no es que en la mejor, un artículo muy crítico sobre el futuro de la Epidemiología. El tema distaba mucho de corresponder a los tópicos que yo me veía obligado a leer cotidianamente para mantenerme al día en mis actividades y, sin embargo, el título lo hacía muy atractivo. Decía el autor que la Epidemiología estaba en peligro de desaparecer, no por falta de buenas, magníficas intenciones, sino por ser una ciencia en gran medida irrealizable. En pocas palabras, los augurios no eran buenos. Nunca olvidé tal artículo por varios motivos: primero, por lo bien escrito que estaba; segundo, porque se hacía una crítica seria a los límites de la ciencia en una de sus ramas, tema que luego adquiriría cierta popularidad y, finalmente, porque me parecía extraordinario que pudiera condenarse a la desaparición a una rama de la medicina con tan elegante facilidad.

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El asunto no hubiera pasado a mayores y yo seguramente habría olvidado pronto tan notable escrito y sus conclusiones, de no ser porque mi actividad como inmunoinfectólogo y pediatra cada día me convencería de lo contrario, es decir, del saludable vigor y de lo absolutamente esencial que estaba resultando la tan recientemente criticada Epidemiología. Si antes esta rama se abocaba al estudio de los episodios epidémicos de una enfermedad, como si esto fuera tan diferente de sus versiones endémicas o de su existencia interepidémica, hoy la Epidemiología estudia la enfermedad no como ocurre en un individuo, sino en cuanto a sus peculiaridades de aparición en conjuntos de individuos, prestando atención a la distribución en el tiempo y el espacio, y las características de residencia, empleo, raza, sexo, edad, hábitos, etcétera, en los afectados. Como modesto partícipe en la emergencia de la sepsis neonatal por estreptococo beta hemolítico grupo B como causa fundamental de muerte por infección perinatal en los países desarrollados, pude verificar que sin un apropiado encuadre epidemiológico, todo lo demás que estudiábamos carecía de sentido, aunque también era cierto que la Epidemiología se nutría más que generosamente de los conocimientos de ramas tan vastas como la Microbiología, la Inmunología, etcétera. No tardarían las legionelas en causar sus estragos y en darnos un nuevo ejemplo de las virtudes de la Epidemiología a pesar de sus limitaciones. Sin deseos de bagatelizar, se antoja la Epidemiología como el detective en jefe de uno o más casos insolubles. Luego vino la gradual e inexorable emergencia del SIDA, enfermedad que ha tomado literalmente por sorpresa a la humanidad haciendo que afloren atavismos, metáforas y comportamientos ritualistas que ya creíamos relegados al pasado. Si resulta fascinante la inmunología del SIDA, más aún lo es su epidemiología, que no sólo nos da respuestas, sino que nos confronta con muchas preguntas que demandan atención urgente. El concepto global de esta enfermedad, su significado social y cultural, su influencia en el cambio de patrones de comportamiento, su carácter inexorable y el pánico que esto suscita nos hacen recordar actitudes que en el medievo tuvieron nuestros antepasados frente a la peste. Con estos pensamientos de fondo es que respondo a mis colegas de la Facultad de Medicina que me han pedido escriba un prólogo a su extraordinario libro de Epidemiología, el cual marca un evento pionero en la medicina mexicana. Me defendí de tan inesperado e inmerecido honor, arguyendo que había personas más allegadas a la Epidemiología que podrían escribir un prólogo más relevante. Mi defensa fue inútil; sus razones fueron de más peso: realmente puede tener relevancia un comentario de alguien ajeno al campo, que no a sus implicaciones. Estoy seguro que este primer testimonio de lo que puede llamarse la Escuela Mexicana de Epidemiología, alojada en la Facultad de Medicina de la UNAM, tendrá un efecto seminal en las futuras generaciones de médicos mexicanos. La puerta principal que da acceso a una verdadera concepción social, justa y relevante de las enfermedades es, en mi opinión, el espíritu de este libro.

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Dr. Roberto Kretschmer

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Jefe de la División de Inmunología

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Unidad de Investigación Biomédica,

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Centro Médico Nacional “Siglo XXI”, IMSS

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