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Introducción

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Las parasitosis derivan ancestralmente de seres de vida libre que se han adaptado en épocas remotas a la vida parasitaria. Los parásitos intestinales experimentaron un proceso de preadaptación que les permitió adquirir en su medio habitual características bioquímicas y morfológicas que les facilitaron sobrevivir en el nuevo ambiente.

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Varias especies de protozoos y nematodos intestinales derivan de formas ancestrales de vida libre anaeróbica o microaerófila y presentan elementos quísticos de resistencia o de huevos recubiertos que les permiten resistir ambientes desfavorables: calor, deshidratación, etc. Una vez ingeridos por azar deben superar el medio gástrico, inhóspito, y colonizar el intestino, donde se encuentra un ambiente ecológico similar al que tenían en el ambiente externo en terrenos con materias orgánicas en descomposición. A través de la evolución los individuos de vida libre preadaptados al medio interno del hospedero, al encontrar condiciones favorables para su desarrollo: disponibilidad de alimento, microhábitat uniforme, ausencia de competidores y depredadores, se fueron adaptando a la vida parasitaria. Es así como los platelmintos ancestrales de vida libre han perdido su capacidad de sintetizar esteroles y ácidos grasos que obtenían de algas con las cuales vivían en simbiosis. La mayoría de los protozoos parásitos tienen un metabolismo anaeróbico, ya que carecen de mitocondrias. La pérdida de ciertas funciones se compensa ampliamente por las ventajas de la vida parasitaria, a tal punto que las clases de cestodos y trematodos dentro de los platelmintos se han adaptado de modo tal que la mayoría sólo existen como parásitos.

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Las adaptaciones a la vida parasitaria son tróficas, fisiológicas, morfológicas y evolutivas.

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Los parásitos obtienen del hospedero los nutrientes necesarios para su desarrollo. A través de la evolución y de mutaciones por azar, los parásitos pierden parte de su sistema enzimático y no pueden metabolizar ni sintetizar ciertos elementos que obtienen con facilidad del hospedero. Así, por ejemplo, ciertos platelmintos obtienen la amilasa del intestino del hospedero la cual, una vez que penetra el tegumento, permite facilitar la metabolización de otros nutrientes. La glucosa de Taenia solium y T. saginata se absorbe del medio intestinal del hospedero atravesando el tegumento del parásito.

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La adaptación trófica produce alteraciones morfológicas. Los artrópodos hematófagos, por ejemplo, tienen una probóscide adaptada para picar y obtener sangre y producen sustancias anticoagulantes para facilitar la extracción. Estos animales presentan adaptaciones de su cuerpo para facilitar la succión; entre ellas cabe mencionar pérdidas de las alas, aplastamiento del cuerpo en sentido dorsoventral (piojos) o lateral (pulgas). Los órganos interiores también experimentan cambios profundos. Un ejemplo son las garrapatas, que presentan sacos ciegos que pueden llenar de sangre y un intestino distendible en que almacenan sangre en cantidades superiores a 10 veces su peso corporal.

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Los ectoparásitos hematófagos presentan el fenómeno de convergencia, a saber, especies diferentes pero que se nutren de forma igual o parecida tienen órganos análogos. Un ejemplo de esto es que los ...

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