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Introducción

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En 1729, Pier Antonio Micheli, un botánico de Florencia, en su Nova plantarum, acuñó el término “Aspergillus” al comparar el conidióforo de ese hongo con el aspergillum ceremonial usado para rociar agua bendita. En 1809, Johann Heinrich Friedrich Link aisló siete especies a partir de vegetales en descomposición, entre ellas, A. flavus, A. candidus y A. glaucus. En 1815, A. C. Mayer y G. Emmert describieron la enfermedad pulmonar en animales. En 1842, John Hughes Bennett, en su tesis recepcional “On the parasitic vegetable structures found growing in living animals” reconoció parásitos vegetales en humanos, aunque no está del todo demostrado que correspondieran a Aspergillus. En 1847, Theodor Sluyter informó en Berlín, con motivo de su tesis, el primer caso de aspergilosis pulmonar. En 1850, J. B. Georg W. Fresenius, quien fue cirujano y botánico, dedicado a ayudar a los desamparados, describió la infección en un ave; llamó a la micosis “aspergilosis” y al hongo “A. fumigatus”, consignando esta descripción en publicaciones como Die Flora von Frankfurt, Beiträge zur Mykologie (La flora de Frankfurt, contribuciones a la Micología) y principalmente Senckenbergische Stiftung (Fundación Senckenbergische).

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En 1856, Rudolph Virchow informó cuatro casos de enfermedad broncopulmonar y realizó una necropsia; su trabajo se considera un clásico de la patología descriptiva. En ese mismo año, Sebastiano Rivolta describió la enfermedad en caballos. En 1897, G. Dieulafoy, A. Changemesse y G. F. I. Widal describieron la seudotuberculosis micóticaen cebadores de aves. Ese mismo año, L. Rénon publicó en París su libro Etude sur les Aspergilloses chez les animaux et chez Homme (Estudio de las aspergilosis en animales y humanos), al que muchos atribuyen haber despertado el interés por estas enfermedades en Europa, ya que hace referencia al desarrollo y tipos de lesiones, susceptibilidad, así como a factores ambientales y alérgicos.

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En 1902, C. Ceni y C. Besta, en Italia, señalaron la existencia de metabolitos de A. fumigatus y A. flavescens, tóxicos para animales. E. Bodin y L. Gautier, en Francia, en 1906, escribieron sobre las toxinas de A. fumigatus, y en 1928, Romanov y Tscherniak identificaron en caballos la forma cerebral. En 1939, el estadounidense A. T. Henrici aisló endotoxinas del mismo hongo, y en estudios en conejos comprobó las capacidades hemolíticas, pirógenas, neurotóxicas e histotóxicas de estos compuestos. Además encontró que los perros son altamente susceptibles a estas toxinas y que, por el contrario, las palomas son muy resistentes, aunque observó susceptibilidad a la infección.

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En 1924, W. W. Cleland encontró aspergilosis pulmonar consecutiva a una herida por proyectil disparado por arma de fuego. En 1926, M. E. Lapham señaló su aparición debida a tuberculosis. En 1938, F. Devé describió el aspergiloma como micetoma intrabronquiectásico. En 1939, Link publicó el primer caso diseminado con lesiones en el sistema nervioso central (SNC).

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En 1951, Antonio González Ochoa (figura ...

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