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Introducción

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“No pierdas a un paciente. En último caso, es preferible una laparotomía blanca que una contemplación desastrosa”

Salvador Martínez Dubois

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Los traumatismos son la principal causa de muerte durante las primeras cuatro décadas de la vida. En México, en todas las edades, ocupan el tercer lugar como causa global de mortalidad, precedidos por el cáncer y los padecimientos cardiovasculares.

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En su obra Abdomen urgente, Mondor define la gravedad de las contusiones toracoabdominales como: “Una contusión de abdomen puede causar la muerte en pocas horas debido a una hemorragia interna, y con mayor lentitud en 24 a 48 h, a causa de hemorragia en dos tiempos o por una peritonitis generalizada”.

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En casi 66% de los casos el diagnóstico no se establece en un principio. La revelación de la lesión latente constituye el mayor riesgo ulterior, en particular del sujeto con politraumatismo toracoabdominal; es decir, los datos clínicos muchas veces están ocultos por otras manifestaciones en los pacientes politraumatizados, por ejemplo, en los casos de trauma craneoencefálico, o bien cuando se han ingerido sustancias tóxicas como alcohol o drogas. Por lo tanto, los principales datos de lesión abdominal, como el dolor, no se manifiestan en las primeras horas que siguen al trauma y ello dificulta realizar el diagnóstico oportuno. Siendo así, la primera actitud que debe observar el médico es sospechar que pueda existir una lesión abdominal oculta capaz de seguir su evolución y dar lugar a situaciones graves, como choque hipovolémico ante la presencia de una hemorragia que en un principio pudo pasar inadvertida por no ser de gran magnitud; sin embargo, al persistir, logra deteriorar el estado hemodinámico del lesionado y produce un choque. La causa puede ser algún otro problema que deriva en peritonitis, como sucede si el trauma daña una víscera hueca y el contenido intestinal se derrama en la cavidad abdominal. Esa contaminación consecutiva puede llegar más lejos y causar también un estado de choque séptico.

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En los casos de accidentes automovilísticos, cuando el conductor se golpea contra el volante o el acompañante lo hace contra el tablero, se debe sospechar lesión abdominal, o por la presión ejercida sobre el cinturón de seguridad. Lo mismo sucede con las víctimas de heridas por instrumento punzocortante o proyectil de arma de fuego con orificios de entrada en las regiones dorsales; la víctima sufre posible lesión de víscera intraabdominal o retroperitoneal, que también debe considerarse y que llega a producir grandes hematomas disecantes y progresivos causales de hipovolemia.

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En México, cada año se reportan 600 000 heridos (de los cuales 25 000 se deben a accidentes de tránsito), que representan al conjunto de politraumatizados, de los cuales alrededor de 5% presenta contusión abdominal grave. Entre estos últimos, dos terceras partes corresponden a contusiones de bazo, hígado y otras vísceras macizas, y sólo una tercera parte a lesiones de órganos huecos.

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Todo médico ...

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