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Introducción

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La incidencia de traumatismos en general se ha incrementado en todo el mundo en las últimas décadas. México tiene una tasa de > 4 por cada 1 000 habitantes, en especial hombres en edad productiva, por lo que se constituye en una de las principales causas de mortalidad.1 A nivel mundial ocurren más de 5 000000 de muertes al año por este motivo y México ocupa el tercer lugar de mortalidad en jóvenes y adultos. Aunque las causas son muchas y muy variadas, se debe principalmente al aumento de vehículos automotores de gran velocidad, armas de fuego con gran poder letal y a la práctica (en aumento) de deportes extremos. Lo anterior genera una incidencia mucho mayor de morbilidad y discapacidad parcial o permanente en población con el mayor potencial productivo, además de una mortalidad considerable. Se considera que la mitad de las muertes ocurren en segundos o pocos minutos después del trauma, por lesiones de aorta, corazón, pulmón, cerebro y médula espinal: la siguiente etapa de muertes ocurre en la hora dorada* (30%), siendo causadas principalmente por hemorragia y daño cerebral. La tercera etapa ocurre en las siguientes 24 horas por FOM, infección o tromboembolismo (10-20%).2 Por todo lo anterior este tema reviste gran importancia.

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De los traumatismos en general, el abdomen es una de las regiones que más se lesiona, lo que representa un desafío para el grupo médico y paramédico que atiende dichos eventos, en especial cuando se presentan lesiones múltiples; heridas distractoras; lesiones que alteran la sensibilidad o expresión de síntomas (traumatismo craneoencefálico o raquimedular); lesiones desan-grantes; un estado de intoxicación aguda por drogas o alcohol, o la combinación de éstas. En accidentes fatales las lesiones intraabdominales representan 13 a 15%, y la causa de muerte en muchas ocasiones ocurre en etapa tardía en relación con sepsis abdominal. Por este motivo es de gran trascendencia mejorar el diagnóstico oportuno y la antención eficiente del personal médico y paramédico a fin de evitar muertes y discapacidades que pudieran prevenirse.

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La atención del paciente traumatizado inicia desde el periodo prehospitalario, continúa en el servicio de urgencias con atención especializada y multidisciplinaria para determinar las prioridades de diagnóstico y tratamiento de lesiones específicas mediante el uso juicioso de recursos tecnológicos, y debe finalizar con programas de seguimiento para detectar complicaciones a mediano y largo plazos, y proporcionar rehabilitación y programas de integración a la vida productiva.

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En el cuidado integral del traumatismo existen hoy en día programas de prevención y atención; hay un gran avance en lo referente a prevención de accidentes en los sistemas de seguridad de la industria automotriz e industrial. En la atención prehospitalaria es cotidiano el uso de Triage, sistemas modernos de intercomunicación y coordinación, manejo con resucitación volumétrica, tratamiento inicial de heridas o lesiones y cuidados críticos agudos.

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De acuerdo con el CTACS (Committee on Trauma of American College of Surgeons...

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