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EL PERITONEO Y SUS FUNCIONES

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La cavidad peritoneal está envuelta por el peritoneo parietal, que es una cubierta mesotelial que recibe el nombre de peritoneo visceral cuando se pliega sobre los órganos viscerales que contiene. En su relación con las estructuras peritoneales, forma compartimientos menores en los que pueden formarse abscesos (ver sección sobre abscesos intraabdominales). El peritoneo es una membrana semipermeable, cuya área de superficie es comparable en extensión al área de la piel del cuerpo, en total 1.7 m2. Aproximadamente 1 m2 de la superficie peritoneal total participa en el intercambio de líquidos con el espacio de líquido extracelular, a velocidades de 500 ml por hora o mayores. Lo normal es que haya menos de 50 ml de líquido peritoneal libre, que es un trasudado con las siguientes características: peso específico menor de 1.016, concentración proteínica inferior a 3 g/dl, cuenta de leucocitos por debajo de 3 000/µl, acción antimicrobiana mediada por complemento y nula formación de coágulos por fibrinógeno. El líquido peritoneal circula hacia ganglios linfáticos subdiafragmáticos, en los cuales se filtran partículas (incluso bacterias hasta de 20/µm de diámetro), a través de estomas en el mesotelio diafragmático y vasos linfáticos que drenan principalmente en el conducto del quilo del lado derecho.

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En condiciones de salud, la cavidad peritoneal es normal. Es posible eliminar pequeñas cantidades de bacterias, pero se desarrollará peritonitis cuando los mecanismos de defensa sean superados por una contaminación masiva o continua. En respuesta a lesiones tisulares, las células cebadas de la delicada cubierta mesotelial secretan histamina y otras sustancias vasoactivas que aumentan la permeabilidad vascular. En consecuencia, el exudado plasmático contiene altas concentraciones de fibrinógeno y suministra proteínas opsonizantes y del complemento que promueven la destrucción bacteriana. La tromboplastina tisular liberada por las células mesoteliales lesionadas convierte al fibrinógeno en fibrina que a su vez, provoca el depósito de colágena y la formación de adherencias fibrosas. En personas sanas, esta reacción es restringida por un activador del plasminógeno contenido en la corteza celular, pero las lesiones e infecciones desactivan al activador del plasminógeno. Los lipopolisacáridos bacterianos (endotoxinas) y las citocinas estimulan la producción de factor de necrosis tumoral (TNF) que, a su vez, media la liberación de inhibidores del activador de plasminógeno producido por las células mesoteliales inflamadas del peritoneo; este factor de activación permite que la fibrina persista. Los coágulos de fibrina disocian los depósitos bacterianos, los cuales son fuente de endotoxinas que contribuyen a la sepsis, pero también es posible que, de manera inadvertida, protejan a las bacterias contra los mecanismos que las eliminan.

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El epiplón es una doble capa de peritoneo y grasa, bien vascularizado, flexible y móvil, que tiene participación activa en el control de inflamación e infecciones peritoneales; su composición es muy adecuada para sellar fugas de perforaciones en vísceras huecas (p. ej., úlceras perforadas), o áreas de infección (p. ej., las debidas a perforación de apéndice) y para transportar aporte sanguíneo ...

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