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INTRODUCCIÓN

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La capacidad de trasplantar órganos humanos con éxito se ha desarrollado en el lapso de una sola generación de médicos y cirujanos. Este logro asombroso es un ejemplo excelente de cómo los modelos animales pueden utilizarse para entender y desarrollar tratamientos para enfermedades humanas. El trasplante de órganos ahora es la modalidad de tratamiento preferible para varios tipos de fallas orgánicas. El trasplante ofrece no sólo supervivencia mejorada a largo plazo, sino también una calidad de vida mejorada para muchos pacientes afectados por insuficiencia renal, hepática, cardiaca y pulmonar.

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Se están realizando esfuerzos enormes para desarrollar métodos de reemplazo artificial de funciones de órganos vitales. A pesar de estos esfuerzos, la capacidad de reemplazar funciones de órganos dentro de dispositivos mecánicos o biomecánicos sigue siendo difícil. Aunque la hemodiálisis puede reemplazar la función renal de manera efectiva, no ofrece una calidad de vida ni un lapso de duración normal de la misma. A pesar de los avances importantes en tecnología artificial de corazón, los sistemas actuales no han llegado al punto donde puede usarse de manera rutinaria para restaurar la función cardiaca normal. A la fecha, no hay reemplazo efectivo para la función hepática o pulmonar que sea adecuado para un uso a largo plazo. El trasplante de órganos es, a menudo, la única modalidad de tratamiento que ofrece un estilo de vida normal para pacientes con insuficiencia avanzada de órganos. En este capítulo se analizan las indicaciones para trasplantes de órganos, además de las limitaciones actuales.

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TRASPLANTE DE RIÑÓN

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Con excepción de los órganos de un gemelo genéticamente idéntico (isoinjertos), todos los órganos de individuos genéticamente distintos (aloinjertos) estarán sujetos a rechazo inmunológico. Esta limitación biológica fundamental se ha superado en gran medida con el desarrollo de terapias de inmunosupresión dirigidas a objetivos. Estas terapias pueden suprimir la reactividad inmunológica que produce el rechazo del injerto mientras dejan intacta la competencia inmune, suficiente para permitir la recuperación de la mayor parte de las enfermedades infecciosas. No se ha llegado al mismo grado de éxito cuando se trasplantan órganos entre diferentes especies (xenoinjertos).

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Una vez que se supo que los aloinjertos fallaban debido a un ataque inmunológico activo del sistema inmune del receptor contra el órgano donado, se investigaron métodos para suprimir el sistema inmune. Los primeros intentos de inmunosupresión con sustancias como mostaza de nitrógeno e irradiación total del sistema linfoide no tuvieron éxito debido a la toxicidad de la terapia. El primer inmunosupresor práctico fue la azatioprina, un inhibidor antimetabólico de síntesis de DNA. Al utilizarlo junto con corticosteroides, nació la primera combinación exitosa de inmunosupresores y ocurrió el primer auge en el número de trasplantes. Esta combinación siguió siendo lo más avanzado hasta que se supo que el tipo de células que ejercen el control primario sobre los rechazos de aloinjertos eran los linfocitos T. Esto llevó a un desarrollo posterior de agentes ...

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