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INTRODUCCIÓN

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El uso de quimioterapia en el tratamiento de tumores malignos del aparato genitourinario sirve como un paradigma para un acercamiento multidisciplinario al cáncer. La integración cuidadosa de métodos quirúrgicos y quimioterapéuticos ha producido avances impresionantes en el tratamiento de cáncer urológico. Por definición, las intervenciones quirúrgicas se dirigen al tratamiento local de tumores urológicos, mientras que la quimioterapia y el tratamiento biológico son de naturaleza sistémica. Aunque no hay duda de que en la historia natural de un tumor genitourinario se presentan ocasiones en que sólo se requiere un método terapéutico, siempre se debe abordar uno multidisciplinario. En este capítulo se detalla la importancia de un método médico-quirúrgico conjunto para los pacientes con cáncer urológico. El urólogo especialista debe colaborar con un oncólogo y debe sentirse cómodo al hablar con los pacientes acerca de usos, riesgos y beneficios de la quimioterapia.

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PRINCIPIOS DE UN TRATAMIENTO SISTÉMICO

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A. Usos clínicos de la quimioterapia
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El tratamiento sistémico está indicado en la atención al cáncer diseminado cuando el objetivo es la cura o la paliación. Además, la quimioterapia puede usarse como parte de un plan de tratamiento multimodal, como un esfuerzo por mejorar el control local y la distancia del tumor. Una comprensión de los objetivos y las limitaciones del tratamiento sistémico en cada uno de estos entornos resulta esencial para el uso efectivo.

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1. Intento curativo de enfermedad metastásica: al considerar el papel de la quimioterapia con posibilidades curativas en pacientes con metástasis, deben tomarse en cuenta varios factores. El primero es la capacidad de respuesta del tumor. Por lo general, ésta se define mediante las respuestas parciales o completas observadas que constituyen en conjunto el índice de respuesta general que se tiene como objetivo. Resulta difícil la valoración de neoplasias con metástasis óseas frecuentes como cáncer de próstata, carcinoma renal y carcinoma de células de transición (TCC), porque una gammagrafía ósea que suele ser anormal no siempre indica cáncer residual. Por lo general, a los pacientes en quienes el único sitio de enfermedad es el hueso debe considerárseles no valorables mediante medidas convencionales y, si están disponibles, son necesarios marcadores intermedios de respuesta (como el antígeno prostático específico [PSA]). Al aspecto de empeoramiento transitorio en la gammagrafía ósea con el tratamiento pero que representa hueso en curación se le denomina “llamarada de gammagrafía ósea” y puede ser indistinguible de la verdadera progresión de la enfermedad. Por esta razón, es esencial la valoración de todos los parámetros, incluidos sintomatología, PSA en pacientes de cáncer de próstata, CT y MRI. En el caso de pacientes con cáncer de próstata metastásico en quienes se sospecha o es posible la llamarada de gammagrafía ósea, resulta esencial la repetición de la gammagrafía varios meses después.

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Si se intenta la cura con tratamiento sistémico, el criterio relevante de respuesta que se debe tomar en cuenta es el ...

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