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Introducción

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Desde el momento del nacimiento, todos los individuos nos encontramos expuestos a sustancias que presentan nuevos desafíos inmunológicos. El polvo ambiental, polen, ácaros, alimentos, sustancias químicas, fármacos, venenos de insectos, que son componentes cotidianos del entorno, se comportan como antígenos que pueden resultar más o menos lesivos según una interacción entre factores genéticos, ambientales y etarios.

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En el prototipo de la respuesta alérgica (de tipo I según Coombs y Gell, véase párrafo siguiente), el individuo primero se sensibiliza: un antígeno, en este caso denominado alergeno, es presentado a linfocitos T inmunológicamente vírgenes sobre la membrana de células presentadoras. Estos linfocitos T se activan y liberan una serie de mediadores característicos de la respuesta Th2, entre ellos la IL-4, que inducen a linfocitos B a secretar anticuerpos de clase IgE específicos para el antígeno que inició su activación.1 La IgE secretada es capaz de unirse a través de sus dominios Fc a los receptores (FcεRI) presentes en la membrana de los mastocitos o células cebadas, basófilos y eosinófilos.2 Este receptor, debido a su alta afinidad por la IgE, puede reconocerla aun en ausencia de antígeno unido. Si bien la vida media de la IgE libre en suero es de apenas unos días, la unión al receptor la protege de la actividad de las proteasas séricas permaneciendo unida a éste por varios meses, lo cual favorece la sensibilización prolongada de los mastocitos, basófilos y eosinófilos y deja a estas células preparadas para responder de inmediato cuando el antígeno reingrese.

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Todos los individuos están en contacto con alergenos, por lo general lo resuelven a través de una respuesta tipo Th1, con bajos niveles de anticuerpos IgG1 e IgG4. Por su parte, las personas atópicas responden con la producción de altos niveles de anticuerpos IgE y una respuesta Th2 exacerbada. Se define como atopía a la predisposición genética a desarrollar anticuerpos IgE dirigidos a antígenos proteínicos habituales en el ambiente y en los alimentos. Aquellos individuos que heredan esta predisposición se denominan atópicos. En estos casos, la exposición reiterada a un antígeno desencadena reacciones patológicas que incluyen manifestaciones cutáneas, respiratorias y sistémicas (anafilácticas). Tales reacciones se denominan de hipersensibilidad y son respuestas inmunitarias adaptativas exageradas que lesionan los tejidos y pueden tener consecuencias graves.

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Coombs y Gell describieron cuatro tipos de hipersensibilidad (I, II, III y IV), los tres primeros están mediados por anticuerpos y el cuarto involucra células T y macrófagos (cuadro 8-1).

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cuadro 8-1.

Tipos de hipersensibilidad.

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