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INTRODUCCIÓN

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Un recién nacido a término es un bebé que nace a las 37 semanas o más de gestación. Se evalúa al neonato a término en la sala de parto inmediatamente después de su nacimiento a fin de asegurar que no requiera apoyo respiratorio o circulatorio, no presente traumatismos relacionados con el parto o anomalías congénitas que no requieran atención inmediata y esté cursando por la transición esperada a la vida extrauterina. Casi 97% de los neonatos se encuentran sanos y requieren sólo atención de rutina en el cunero después de su nacimiento. Allí, los neonatos reciben una valoración detallada para determinar su madurez, evaluar su crecimiento y desarrollo e identificar aquellos con signos de patología aguda o de alguna enfermedad congénita subyacente.

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MANEJO EN LA SALA DE PARTO

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Después del parto debe haber al menos una persona cuya responsabilidad primordial sea el cuidado del neonato. Aunque en cerca de 90% de los casos no se requerirá reanimación, es necesario reconocer los signos de alteración en un neonato a fin de poder llevar a cabo una reanimación experta.

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Una vez cortado el cordón umbilical, debe ponerse al neonato en un ambiente cálido. Se le puede colocar sobre el pecho de la madre, piel contra piel, o bien en una cuna de calor radiante. El contacto temprano piel contra piel aumenta la probabilidad y duración del amamantamiento, disminuye el llanto del lactante y facilita la formación de lazos, por lo que se alienta siempre que sea posible. Sin embargo, sólo debe llevarse a cabo cuando el lactante está llorando/respirando y tiene buen tono, y cuando no haya factores de riesgo que aumenten las probabilidades de que se requiera reanimación (p. ej., prematurez). Se seca al lactante con toallas precalentadas para evitar pérdida de calor, y las vías respiratorias se despejan para garantizar su permeabilidad mediante la succión de boca y narinas con una perilla o con una sonda conectada a un aspirador mecánico. Si el lactante tiene buena apariencia y no se encuentra en riesgo, las vías respiratorias pueden despejarse limpiando la boca y nariz con una toalla.

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Durante este periodo posparto inicial, se valoran el esfuerzo respiratorio, frecuencia cardiaca, color y actividad del lactante a fin de determinar la necesidad de intervención. Si el secado y la aspiración no proporcionan el estímulo adecuado, es correcto dar suaves golpecitos a las plantas de los pies o frotar la espalda del neonato para estimular su respiración. Es importante destacar la presencia de meconio en el líquido amniótico o sobre la piel del neonato. Aunque no está contraindicado, ya no se recomienda como rutina que el obstetra aspire la bucofaringe del lactante nacido con líquido amniótico teñido de meconio al momento del parto de su cabeza. Si el neonato se encuentra en sufrimiento o presenta un esfuerzo respiratorio deprimido después del parto y hay evidencia de que se haya pasado meconio dentro del ...

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