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INTRODUCCIÓN

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ESTUDIO DE CASO

Un contador jubilado presenta temblores y disminución de la velocidad de sus movimientos y se diagnosticó como enfermedad de Parkinson a los 67 años. Entonces su neurólogo le prescribió levodopa para restablecer las concentraciones de dopamina. Dos años después, los síntomas motores empezaron a fluctuar y se agregó al tratamiento el agonista de receptores de dopamina ropinirol.* Unos cuantos meses más tarde, presentó interés importante en las apuestas, primero al comprar billetes de lotería y más tarde al visitar un casino casi todos los días. Ocultó su actividad de apostar hasta que había perdido más de 100 000 dólares. Cuando acudió a consulta hace cinco semanas se cambió el ropinirol por un inhibidor de monoaminooxidasa. Hoy comunica que ya no tiene interés en apostar. ¿Cuál puede ser la relación ante el tratamiento con agonistas de dopamina y la proclividad a las apuestas?

* El tratamiento de la enfermedad de Parkinson se analiza en el capítulo 28.

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Los fármacos son motivo de abuso (utilizados en formas que no tienen aprobación médica) porque causan sentimientos fuertes de euforia o alteran la percepción. Sin embargo, la exposición repetitiva produce cambios adaptativos amplios en el cerebro y, como consecuencia, el uso de fármacos puede convertirse en compulsivo: el punto distintivo de las adicciones.

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■ NEUROBIOLOGÍA BÁSICA DEL ABUSO DE FÁRMACOS

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DEPENDENCIA VS ADICCIÓN

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La investigación reciente de neurobiología llevó a la separación mecánica y conceptual de “dependencia” y “adicción”. La denominación antigua “dependencia física” hoy se conoce como dependencia, en tanto que la “dependencia psicológica” se llama de manera más simple adicción.

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Todo fármaco adictivo produce su propio espectro característico de efectos agudos, pero todos tienen en común que inducen sensaciones intensas de euforia y gratificación. Con la exposición repetida, los fármacos adictivos inducen cambios adaptativos como tolerancia (necesidad de aumentar la dosis para mantener el mismo efecto). Una vez que ya no se dispone del fármaco del que se abusa se hacen aparentes los signos de abstinencia. Una combinación de tales signos conocida como síndrome de abstinencia define a la dependencia. Esta última no siempre es un factor correlacionado del abuso de fármacos; también se presenta en muchos casos con sustancias no psicoactivas como vasoconstrictores simpaticomiméticos y broncodilatadores así como nitratos orgánicos vasodilatadores. La adicción, por otro lado, consta de la administración compulsiva recidivante de fármacos pese a sus consecuencias negativas, a veces desencadenada por un deseo compulsivo que ocurre en respuesta a factores contextuales (véase el recuadro Modelos animales en la investigación de adicciones). Aunque de manera invariable ocurre dependencia con la exposición crónica, sólo un pequeño porcentaje de los sujetos desarrolla un hábito, pierde el control y se vuelve adicto. Por ejemplo, muy pocos pacientes que reciben opioides como analgésicos desean el fármaco después de su interrupción; sólo una persona de cada seis se vuelve adicta en los 10 años que ...

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