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INTRODUCCIÓN

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ESTUDIO DE CASO

Una mujer caucásica de 35 años que recientemente tuvo resultado positivo para VIH y para antígeno de superficie del virus de la hepatitis B es enviada para valoración. Se ha sentido bien en términos generales, pero manifiesta el antecedente del tabaquismo de 25 cajetillas al año. Toma de 3 a 4 cervezas por semana y no presenta alergias conocidas a medicamentos. Tiene el antecedente de uso de heroína y actualmente recibe metadona. La exploración física revela signos vitales normales y ninguna anomalía. Su cifra de leucocitos es de 5 800 células/mm3 con diferencial normal, la hemoglobina es de 11.8 g/100 ml, todas las pruebas de función hepática están dentro de los límites normales, el recuento de células CD4 es de 278 células/mm3, y la carga viral (RNA de VIH) es de 110 000 copias/ml. ¿Qué otras pruebas de laboratorio convendría ordenar? ¿Con qué medicamentos antirretrovirales iniciaría usted el tratamiento?

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Los virus son parásitos intracelulares obligados cuya replicación depende principalmente de los procesos sintéticos de la célula hospedadora. Por tanto, para ser eficaces, los antivirales deben impedir la entrada del virus a la célula o su salida, o tener actividad dentro de la célula hospedadora. Como corolario, los inhibidores no selectivos de la replicación del virus pueden interferir con la función de la célula hospedadora y causar efectos secundarios.

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Los avances en el tratamiento antiviral empezaron a principios del decenio de 1950, cuando la búsqueda de fármacos contra el cáncer generó varios nuevos compuestos capaces de inhibir la síntesis de DNA de los virus. Los dos antivirales de primera generación, 5-yododesoxiuridina y trifluorotimidina, tenían poca especificidad (inhibían el DNA de la célula hospedadora y del virus), lo que los hizo muy tóxicos para su uso sistémico. Sin embargo, ambos fármacos son eficaces cuando se utilizan en forma tópica para el tratamiento de la queratitis herpética.

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El conocimiento de los mecanismos de la replicación viral ha proporcionado información de los pasos críticos en el ciclo vital de esos microorganismos que pueden servir como blanco potencial del tratamiento antiviral. La investigación reciente se ha dirigido a la identificación de fármacos con mayor selectividad, más alta potencia, estabilidad in vivo y menos efectos tóxicos. Hoy se dispone de tratamiento contra los virus del herpes, de la hepatitis C (HCV, hepatitis C virus), hepatitis B (HBV, hepatitis B virus), papiloma, influenza y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH, human immunodeficiency virus). Los fármacos antivirales comparten la propiedad de ser virustáticos; son activos sólo contra los virus en replicación y no afectan a los latentes. Si bien, algunas infecciones requieren monoterapia durante periodos muy breves (p. ej. aciclovir para virosis por herpes simple), otros requieren tratamiento doble por periodos prolongados (interferón α/ribavirina para HCV), en tanto otros más requieren tratamiento farmacológico múltiple por periodos indefinidos (VIH). En las enfermedades crónicas, como la hepatitis viral y la infección por VIH, ...

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