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Introducción

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La globalización y su desigual repercusión en las condiciones de vida de la humanidad en las distintas partes del mundo han producido en los últimos 20 años profundos cambios económicos y sociales que afectan a unas poblaciones cada vez más envejecidas, hasta el punto de que tal envejecimiento constituye, desde las múltiples ópticas en que puede analizarse, uno de los principales problemas del siglo XXI. Esto se debe a que todos los países se encuentran en un proceso de transición hacia sociedades más longevas respecto de las del pasado siglo; por lo tanto, como consecuencia del sostenido decremento global de la mortalidad en todas las edades, el aumento de la esperanza media de vida y el descenso de la fecundidad, el incremento de la población mayor de 65 años, e incluso mayor de 80 años, con un grupo nada desdeñable de personas centenarias, es irreversible y tiene importantes repercusiones sociales y económicas que es preciso afrontar.

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Para describir este notable aumento del número de personas que sobrepasan el umbral de la vejez se han empleado expresiones que reflejan el efecto que este hecho causa en todos los niveles. Para muchos analistas se trata de un verdadero “terremoto demográfico” y, en todo caso, de “un nuevo orden demográfico internacional”, en el que se prevé que el porcentaje de personas mayores de 60 años se duplique por un amplio margen, para representar más de la quinta parte de la población mundial en el año 2050, fecha en la que los porcentajes de individuos viejos y jóvenes se igualarán.

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En efecto, las personas mayores de 60 años que en 1950 eran a escala mundial poco más de 200 millones y en 2000 hasta 600 millones, serán 2 000 millones en 2050. Por su parte, en zonas del mundo como América Latina, los sujetos mayores de 65 años duplicarán su número entre 2000 y 2025; luego, entre esta última fecha y 2050, volverán a duplicar sus efectivos, de tal modo que en dicho año serán 136 millones de personas y representarán 17% de la población latinoamericana.

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Los contrastes entre los países desarrollados y los que aún no han alcanzado este estadio son evidentes, ya que en los primeros el proceso de envejecimiento ha tenido un ritmo más lento, aunque en muchos de ellos el número de ancianos ya supera hoy día al de menores de 15 años. En los países en vía de desarrollo debe destacarse la rapidez del proceso y si en 1982 la mayoría de las personas mayores vivía en los países desarrollados, en la primera mitad del siglo XXI se consolida cada vez más la tendencia a que tres cuartas partes de esta población residan en países aún no desarrollados. En estas naciones, ante la caída de la mortalidad en todas las edades, sobrepasan los 60 años generaciones muy amplias como resultado de la elevada natalidad de etapas anteriores, por lo que a la ...

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