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Caídas e inestabilidad

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En gerontología, las caídas constituyen un diagnóstico, un problema importante que exige una valoración multidimensional detallada. Se anotan en el expediente como cualquier otro dato y mantienen en alerta al equipo de salud porque en el paciente viejo son manifestaciones clínicas de vulnerabilidad, de la concurrencia de problemas que se retroalimentan y que lo exponen a accidentes, fracturas, mayor incidencia de procesos patológicos, abatimiento funcional e incluso la muerte. Cuanto más se envejece, más se está expuesto a caer, y las consecuencias son graves. A pesar de lo anterior, los profesionales de la salud no incluyen las caídas en su interrogatorio, de tal modo que constituyen un problema de salud desdeñada, poco detectada y mucho menos atendida, aun cuando es potencialmente prevenible. A lo anterior se suma el efecto psicológico que producen en el sujeto, como ansiedad, miedo, retraimiento y abatimiento funcional. Además, una caída favorece la siguiente, es decir, caerse es un riesgo de volver a sufrir otra caída. Por último, las caídas o la inestabilidad son expresiones inespecíficas de enfermedad en los ancianos, una de las tantas formas atípicas en las que los problemas de salud se manifiestan en la edad avanzada. Las causas de las caídas son múltiples y pueden ser consecuencia de diversos factores que al superponerse afectan la marcha y el balance de las personas mayores. La evaluación básica debe incluir lo siguiente:

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  1. Descripción de las circunstancias en las que se produjo la caída, que el paciente suele esgrimir como justificación. Aunque algunas caídas son en verdad accidentales, como un empujón, en la mayor parte de los casos se reconocen factores que, aunque parezcan circunstanciales, se relacionan con los hechos; esto se debe a que un problema que en una persona joven no ocasiona casi nunca una caída (como el empujón), en las personas envejecidas vulnerables sí la provoca, con o sin lesiones serias.

  2. Historial de afecciones crónicas (diabetes, hipertensión, osteoartrosis, mareo, etc.), fármacos prescritos, problemas de salud recientes que pueden expresarse a través de la caída, funcionalidad previa, problemas sensoriales (vista y oído) y auxiliares necesarios (bastón, andadera, etc.).

  3. Exploración de los trastornos de la marcha y el balance (pruebas de Tinetti), fuerza muscular, propiocepción y sensibilidad, función de las articulaciones, dolor, presión arterial (en especial hipotensión postural), además de estado mental y emocional.

  4. Revisión del calzado y problemas de los pies.

  5. Análisis del ambiente: problemas existentes en la casa que favorecen las caídas (escaleras, iluminación, tapetes, luz brillante, desniveles, obstáculos, etc.), ya que la mayor parte de las caídas ocurre en el hogar y cuando el paciente pasa de la cama o sillón al baño, sobre todo por la noche, medios de transporte, actividades fuera de casa.

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Los riesgos que se evitan con mayor facilidad son los medicamentos, el ambiente y el desacondicionamiento físico por inactividad. En caso de síncope, se recomienda una evaluación especializada, como en los casos de privación sensorial o problemas neurológicos no diagnosticados ...

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