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Introducción

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Trata a los demás como quieras que te traten…

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Reconocimiento del problema

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Los avances en salud pública, autocuidado, nivel educativo y alimentación han permitido un incremento sensible del número de ancianos a lo largo del siglo pasado y el inicio del actual. Si bien esto representa una victoria social, también conlleva consecuencias difíciles de asumir: conforme la edad de la población aumenta, sus necesidades de asistencia se incrementan e, infortunadamente, tal dependencia eleva el riesgo de convertirse en víctima de abusos.

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Una sociedad como ésta, que sobrevalora la juventud, tiene una necesidad urgente de replantear la función de las personas de edad avanzada y quitarles el estigma de clase parasitaria sin un papel definido y a la que descalifica por considerarla una mera carga familiar y para el Estado. No obstante, la cuestión no es sólo de índole económica; en realidad, el peso social de los ancianos es muy superior a su peso económico y demográfico. El problema es su invisibilidad social, dado que no aparecen en las pantallas, no están en la mente de los publicistas, ni son sujetos de crédito… pero quizás no por mucho tiempo. Para el entorno familiar sólo existen como garantes de las tradiciones y algunas veces como un estorbo. El abuso no tiene por qué formar parte del envejecimiento. Esta situación obliga a reflexionar sobre políticas y formas de actuación en las esferas social, económica, jurídica y de protección.

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La vejez, como parte del todo en la vida del ser humano y la sociedad, no sólo no escapa de la violencia, sino que es una víctima fácil y frecuente, ya sea por las crecientes necesidades de apoyo o por su vulnerabilidad, que la convierte en un blanco fácil, además de que en el contexto transgeneracional siempre parece tener deudas con otros a causa de su comportamiento previo. En una sociedad cada vez más violenta, como la humana, el débil o el que parece diferente es sujeto de victimización.

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En general, las necesidades de las personas de edad avanzada son las mismas que las de cualquier otro individuo: techo, sustento, alimentación, trabajo, participación, pertenencia, independencia, libertad, autorrealización, entre otras; sin embargo, conforme los años pasan y la salud se resquebraja, se presentan necesidades de ayuda que otros deben proporcionar. Esta transición a cierta dependencia complica sensiblemente el tema del maltrato, peor aún en el contexto familiar, donde suele haber gran cantidad de sentimientos encontrados y la ocasión de depender y necesitar puede ser la que facilite el maltrato para “cobrar supuestas cuentas pendientes”.

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Aunque los planteamientos anteriores pueden ser discutibles y estar sujetos a diferentes valores, culturas y marcos legales, resaltan las necesidades básicas, los derechos y las oportunidades de cualquier persona, sin considerar su edad. En el contexto de segregación y mitos que rodean al envejecimiento, estas circunstancias se transgreden con facilidad y se incurre en el ...

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