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Introducción

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En el anciano existen algunas situaciones clínicas que tienen una extraordinaria presentación y con frecuencia se consideran el origen o la consecuencia de la incapacidad funcional o social.

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Las úlceras por presión representan un problema frecuente en el viejo; como resultado de algunos cambios relacionados con el proceso del envejecimiento, algunas circunstancias mórbidas vinculadas con la incapacidad para movilizarse y el agotamiento o desequilibrio de la reserva homeostática, el anciano es más vulnerable al desarrollo de úlceras por presión. La aparición frecuente de estas lesiones en este grupo de edad ha merecido especial atención; si bien el conocimiento de su prevención y control es escaso, por lo general la evolución tórpida de las lesiones supone frustración, agotamiento y desesperanza por parte del personal sanitario, cuidadores y el propio anciano, y altera de manera negativa la mortalidad.

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Las úlceras por presión son lesiones consecutivas en particular a la presión, no controlada y prolongada, ejercida sobre la piel y ocasiona un daño en los tejidos subyacentes. Dichas lesiones son agudas y prevenibles y pueden producirse en 1 a 2 h tras una presión sostenida de 55 a 65 mmHg, casi siempre en la piel que recubre a estructuras óseas prominentes y en individuos vulnerables, frágiles o con un estado de salud deteriorado (figura 25-1).

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Es difícil conocer con exactitud la incidencia de las úlceras por presión; aparecen con frecuencia en el anciano con enfermedades crónicas o el institucionalizado, pero también en el viejo hospitalizado con enfermedad aguda. En un porcentaje considerable las desarrolla en su domicilio, habitualmente en el contexto de enfermedades coexistentes e inmovilidad, por lo que no se consideran en algunos casos como una entidad clínica, no se registran o bien no se les concede verdadera importancia; en consecuencia, no es posible contar con una estadística confiable.

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En Europa, hasta 12% de los pacientes institucionalizados tiene úlceras por presión y otras series notifican prevalencias de 8 a 20%. En Estados Unidos, 20 a 35% de los ancianos tiene úlceras por presión al ingresar a una institución. La distribución por edad es muy variable; en los hospitales de enfermos crónicos, la mayor incidencia se presenta en la población mayor de 65 años y se incrementa de manera proporcional al aumento de la edad. En general, 45 a 70% de los pacientes con úlceras por presión corresponde a mayores de 75 años.

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Fisiopatogenia

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En la fisiopatogenia de las úlceras por presión intervienen factores intrínsecos e individuales relacionados con la respuesta biológica de cada organismo a la presión. Existen cambios en la piel del anciano que favorecen la aparición de úlceras por presión: menor fuerza de unión de las células de la epidermis, retraso en su regeneración y menor ...

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