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Introducción

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La hipertensión arterial (HA) es un problema frecuente en las personas envejecidas. Se estima una frecuencia mayor de 60% y alcanza hasta 71% en ancianos mayores de 85 años. Es un grave problema de salud pública, ya que constituye uno de los factores principales de riesgo reversible para una cantidad de trastornos discapacitantes y muchas enfermedades causantes de la mortalidad más frecuente, en particular enfermedades cerebrovasculares, cardiovasculares y renales. La hipertensión arterial se considera en personas envejecidas el principal factor de riesgo para episodios coronarios, insuficiencia cardiaca congestiva y enfermedad arterial periférica. Las enfermedades cerebrovasculares, debido a la dependencia funcional que causan, se acompañan también de prevalencia elevada de problemas psicoafectivos, como depresión, lo cual compromete aún más la calidad de vida del anciano.A pesar de lo anterior, una gran cantidad de pacientes no sabe que tiene el problema y sólo alrededor de 30% recibe tratamiento. En el contexto de la geroprofilaxis, se calcula que en México la mitad de los adultos con diámetro de cintura mayor de 85 cm en las mujeres y 90 en los hombres se halla en riesgo de hipertensión y diabetes (síndrome metabólico), por lo que puede constituir una fácil medida de detección y educación para la salud.

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En cuanto a las cifras que definen la HA en los viejos, se ha observado una diferencia de opiniones a lo largo del tiempo. Con anterioridad se creía que era normal que la tensión arterial aumentara con la edad, pero en la actualidad se considera que no es así y que las cifras aceptadas en la mayoría de los consensos son vigentes en el envejecimiento: 140 mmHg en la sistólica y 90 mmHg en la diastólica. Por lo regular se considera la cifra sistólica hasta 160 mmHg, ya que los cambios por el proceso de envejecimiento favorecen las cifras sistólicas elevadas y es posible que no se requiera tratamiento antes. Existe una relación positiva entre el aumento de la edad y las cifras arteriales, además del riesgo de la hipotensión diastólica, al reducir las cifras de hipertensión sistólica. Por lo tanto, se ha sugerido el tratamiento farmacológico para la hipertensión sistólica aislada, o en casos de hipertensión sistólica-diastólica cuando sus cifras sean de 160 mmHg o mayores. El tratamiento no farmacológico se inicia cuando las cifras sistólicas fluctúan entre 140 y l60 mmHg, con la finalidad de mantener estas cifras tensionales en esos límites. Por otra parte, en los ancianos de 80 años o mayores, con presión arterial controlada, cualquiera que sea su funcionalidad, se incrementa el riesgo de mortalidad cada 10 mmHg de descenso de las cifras por debajo de 140 mmHg de presión sistólica o de 90 mmHg de presión diastólica. No existe evidencia actual de los beneficios del tratamiento antihipertensivo en la población de viejos.

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La presión arterial en hipertensos también tiende a elevarse con el paso del tiempo y estabilizarse después de los 70 años. Desde luego, las cifras ...

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