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Problemas digestivos

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A pesar de que el aparato digestivo parece mantenerse bien pese al proceso de envejecimiento, los pacientes de edad avanzada se quejan con inusitada frecuencia de dispepsia o mala digestión. Muchos refieren imposibilidad de comer un alimento u otro, sensación de plenitud posprandial después de comer muy poco, agruras, dolor o simple malestar; no pueden comer ni disfrutar la comida como antes. No siempre es posible dar una explicación satisfactoria a estas quejas y es necesario, sobre todo, contar con criterio para resolver sólo los síntomas; la relación con aspectos sociales y emocionales es importante, así como las necesidades energéticas que disminuyen al envejecer. El resultado es la insatisfacción al comer; algunas veces la atención se centra en la dispepsia para eludir otras quejas, como la soledad. En estos casos tampoco deben soslayarse problemas graves.

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En los últimos años se han estudiado a fondo los cambios que se presentan en el aparato gastrointestinal, ya que no se han observado trastornos importantes que puedan considerarse parte del proceso de envejecimiento per se. Ahora se sabe que la mayor parte de los cambios importantes que se manifiestan en el viejo es consecuencia de algún proceso patológico. Los cambios son sutiles, pero parecen afectar de manera importante la calidad de vida. La boca es quizá la que sufre los cambios más relevantes, los cuales interfieren sobre todo con el proceso de nutrición, pero también afectan la estética y la socialización, con consecuencias clínicas de consideración, a tal grado que se ha desarrollado la disciplina de la odontogeriatría. La boca es un punto clave y por ello exige un capítulo particular. (Véase el capítulo 34. Problemas de la boca.)

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Otra queja muy frecuente es la dificultad para deglutir, un problema difícil de abordar porque abarca gran cantidad de funciones, procesos patológicos y consecuencias para la salud. Desde una perspectiva didáctica, se divide en cuatro fases: de preparación, oral, faríngea y esofágica, que requieren integridad neuromuscular. La elevada frecuencia de los trastornos neurológicos (enfermedad vascular cerebral, demencia, Parkinson, etc.), musculares y neuromusculares del envejecimiento influyen en la prevalencia de la disfagia, la cual altera de forma negativa el estado no sólo nutricional sino afectivo del paciente; éste es un aspecto muy importante dada la relación entre comer, beber y el entorno social, que además genera gran preocupación en el cuidador y su familia. Es muy usual no saber qué hacer con el paciente que no come o con dificultades para impulsar la comida hacia el estómago. Las consecuencias médicas no son menos importantes, desde estados nutricionales deficientes, carencia de oligoelementos, deshidratación y microaspiraciones hasta catástrofes generalizadas. Al parecer, la queja de disfagia es explícita en 10 a 30% de las personas envejecidas que viven en la comunidad y hasta 60% de las institucionalizadas, lo cual puede relacionarse con fragilidad y envejecimiento patológico.

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Se ha documentado que en la población geriátrica se producen ondas peristálticas cuaternarias ...

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