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Conceptos básicos

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  • El envejecimiento afecta de forma progresiva el sentido de la visión.

  • Se recomienda la consulta oftalmológica especializada una vez al año.

  • La afectación visual tiene repercusiones graves en la funcionalidad, el ánimo y la cognición.

  • No siempre se identifican manifestaciones obvias de los problemas de la visión.

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La vista es uno de los sistemas sensoriales más afectados en la vejez; se presupone falsamente que la pérdida de la visión es un proceso “normal” y, por lo tanto, en la mayor parte de las veces se soslaya la atención médica y se evita así la atención, el diagnóstico y el tratamiento oportunos; esto se refleja no sólo en la salud del paciente sino también en su estado de ánimo, funcionalidad y quizá incluso en la capacidad cognoscitiva, como se describe más adelante.

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Con el paso del tiempo, el cuerpo humano sufre cambios moleculares que repercuten en la anatomía y la fisiología de los diversos tejidos. Casi todos estos cambios son de lenta progresión. El sentido de la visión no está exento de estos cambios y, en virtud de la gran importancia que tiene en la interacción con el mundo, las alteraciones oftalmológicas pueden minar las capacidades físicas y cognoscitivas de los pacientes geriátricos, y con ello su independencia y su estado emocional. Debido al cambio demográfico que experimenta el mundo actual, es de suma importancia estar preparados para detectar en fase temprana estos cambios, que en ausencia de atención apropiada y oportuna pueden tener un efecto negativo en la calidad de vida y la economía de los pacientes. El médico general puede iniciar la detección de problemas visuales con el interrogatorio dirigido y la exploración física, siempre con base en la agudeza visual monocular y binocular; empero, es importante destacar que el paciente geriátrico debe someterse a una revisión exhaustiva por parte de un oftalmólogo cuando menos una vez al año.

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Existen diversos cambios relacionados con el envejecimiento, como la pérdida de grasa orbitaria, pérdida de elasticidad de la piel palpebral, laxitud excesiva de los tejidos, estenosis de los conductos lagrimales, depósitos lipídicos corneales, disminución de la calidad de las lágrimas, esclerosis del cristalino, cambios degenerativos en el iris, el vítreo y la retina, entre otros más; estos cambios pueden dar lugar a la apariencia de hundimiento de los ojos, especialmente cuando el reborde orbitario es en particular prominente; laxitud palpebral que produce alteraciones como el ectropión o el entropión, ptosis palpebral o de la ceja; dacrioestenosis con lagrimeo excesivo o dacriocistitis; síndrome de ojo seco, también conocido como síndrome de disfunción lagrimal; aumento de la presión intraocular; percepción de “mosquitas voladoras” (miodesopsias); disminución de la agudeza visual y la sensibilidad cromática y al contraste; deslumbramiento; halos; mala adaptación a condiciones de baja iluminación; y deterioro de la percepción visuoespacial. En los adultos mayores la pérdida visual es un gran temor, sólo después del miedo a la muerte.

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Epidemiología

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