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Introducción

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Los trastornos de la marcha son problemas frecuentes en la edad geriátrica y constituyen un factor limitante de las actividades de la vida diaria, aun en ausencia de enfermedad, debido a que se altera la estabilidad de la posición erguida, el control del equilibrio y la coordinación del movimiento. Esto supone una pérdida de la ambulación independiente y aumento de la morbilidad; además, se considera un factor importante para el ingreso a residencias de ancianos.

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La gravedad de las consecuencias y sus complicaciones son variables, desde la pérdida de calidad de vida por las limitaciones hasta la total incapacidad e incluso la muerte. Cabe mencionar que los individuos que caminan de forma adecuada tienen una mayor autoestima y muestran una participación más activa, además de que reflejan mejor salud general.

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La postura erguida (equilibrio) y la locomoción son funciones humanas y los trastornos que afectan a una casi siempre inciden en la otra. Los trastornos son comunes en los ancianos (15% de los sujetos mayores de 60 años), las más de las veces por parkinsonismo, enfermedad por infarto múltiple y la llamada “marcha senil”.

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Los trastornos de la marcha y el equilibrio que se observan en los ancianos deben diferenciarse de los cambios propios de la edad y de los que aparecen en relación con afecciones concomitantes de la edad avanzada. Aún no se establece a partir de qué situación una marcha deja de ser normal para la edad del paciente y se convierte en un cuadro patológico. Una definición funcional de estos trastornos hace referencia a la marcha, que es lenta o inestable, o está afectada en términos biomecánicos, hasta el punto de impedir que el sujeto se desplace con normalidad.

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Esta revisión describe de manera sinóptica (con particular énfasis en las causas) la fisiología de la marcha normal y la fisiopatología de los trastornos de la marcha y el equilibrio.

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Epidemiología

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Los trastornos de la marcha se incrementan con la edad. En un estudio efectuado en 467 personas se detectaron trastornos de la marcha en individuos de 65 a 74 años (13%), 75 a 84 años (28%) y de 85 años o más (44%).

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Las irregularidades del equilibrio implican riesgos de caídas y lesiones relacionadas con éstas. Cada año, 20 a 30% de los ancianos que viven de forma independiente sufre caídas. En 25% de los casos se produce una lesión de consideración y en 5% una fractura. La frecuencia de las caídas secundarias a las anormalidades de la marcha y sus consecuencias, como las fracturas de cadera y la subsiguiente necesidad de hospitalización o atención en casa, conduce muchas veces a la pérdida de la capacidad ambulatoria y es el comienzo de un deterioro progresivo del estado funcional y la salud.

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Marcha normal

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La marcha tiene dos componentes principales: equilibrio ...

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