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INTRODUCCIÓN

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En 1966 Zvi Laron y colaboradores describieron el caso de tres niños con un fenotipo similar al de la deficiencia de hormona de crecimiento (GHD) pero con altos niveles de este péptido1. Pensaron que sus hallazgos se debían a un defecto estructural de la GH y a la subsiguiente falta de actividad biológica de esta hormona, que disminuiría o anularía sus efectos en los tejidos diana; posteriormente determinaron que la generación insuficiente del factor de sulfatación de cartílago era el lazo etiológico que explicaba la falta de crecimiento de estos individuos2. Desde entonces se utilizó el epónimo síndrome de Laron (LS) para denominar a la insensibilidad a GH (GHI, del inglés growth hormone insensitivity). En 1973 se estudiaron las propiedades inmunorreactivas de la GH obtenida del plasma de personas que padecían esta enfermedad y se constató que sus características eran normales3. En 1981 se demostró que las propiedades fisicoquímicas de la unión de la GH a su receptor (GHR) eran similares tanto si se usaba GH extraída de personas sanas como si se obtenía la GH de personas afectadas por el LS4, lo cual sugería un defecto en el GHR. Los mismos autores demostraron también que la GH normal no se unía al receptor hepático de los pacientes afectados5. Rigurosos estudios posteriores comprobaron que la GH proveniente de estos pacientes se comporta normalmente, tanto inmunitaria como bioactivamente, demostrándose así que el defecto funcional en el síndrome de Laron reside en una anomalía del receptor para la GH6.

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La identificación del gen del receptor de la GH permitió diagnosticar con certeza las mutaciones responsables del LS en los individuos afectados, lo que confirió una nueva dimensión a este campo de investigación7. Por otro lado, los avances en el estudio de las somatomedinas o mediadores de los efectos de la somatotropina mostraron su capacidad para reproducir los efectos de GH en la sulfatación del cartílago y, en consecuencia, permitieron incluirlas entre los factores que mediaban el crecimiento normal8. Puesto que este factor de sulfatación específico tenía efectos similares a los de la insulina, se agrupó, junto con factores no bien caracterizados, bajo el nombre genérico de actividad insulinoide no susceptible de supresión por anticuerpos antiinsulina (NSILA, del inglés non suppressible insulin-like activity)9. Pero debido a que la proinsulina y la NSILA comparten un 48% de homología, se cambió su nombre por el de factor de crecimiento insulinoide I (IGF-I)10.

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Posteriormente se describió una molécula similar de la misma especie, a la que se asignó el nombre de IGF-II, y también varias proteínas transportadoras de los IGF, conocidas como IGF-BP (del inglés IGF-binding proteins). Estas proteínas tienen similitudes y diferencias muy peculiares que se definirán luego, y se numeran desde BP1 hasta BP6. La unión de la GH a su receptor hepático induce la síntesis de ...

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