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INTRODUCCIÓN

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Los minerales, y en especial el calcio, intervienen de manera fundamental en procesos fisiológicos tan variados e importantes como la formación de hueso, la excitabilidad de las neuronas, la contracción muscular y la cascada de la coagulación. El metabolismo mineral mantiene un equilibrio dinámico entre la absorción intestinal, el nivel sanguíneo y su excreción intestinal y renal. Esta homeostasis está estrechamente regulada por las hormonas calciotrópicas. Los desórdenes en el metabolismo del calcio, fósforo y el hueso son patologías que el endocrinólogo pediátrico debe afrontar con frecuencia. Por ello, es fundamental conocer bien la fisiología del metabolismo mineral, especialmente del calcio y el fósforo, a la hora de abordar el diagnóstico y tratamiento de estas patologías. El objetivo de este capítulo es desarrollar la regulación del metabolismo mineral de tal forma que permita al lector adquirir las bases fisiológicas para un adecuado manejo de las patologías que afectan a este sistema.

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METABOLISMO MINERAL

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CALCIO

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El calcio divalente (Ca2+) es un componente mineral óseo esencial y es necesario para la función de cada una de las células del organismo. Así, el calcio y el fosfato conforman el 65% de masa ósea como cristales de hidroxiapatita1. El calcio cumple con dos funciones fisiológicas: la intracelular y la extracelular. El papel intracelular se basa en su capacidad para actuar como cofactor (componente no proteico requerido para una reacción enzimática), como en el caso de las deshidrogenasas mitocondriales, fosfolipasas y proteasas endocelulares, y como segundo mensajero uniéndose a las proteínas ligadoras (calmodulina o troponinas), las cuales son capaces de activar sistemas efectores y metabólicos como la proliferación de las células, el metabolismo del glucógeno o funciones de secreción y transporte interno. El papel extracelular ha estado representado casi exclusivamente por el sistema esquelético, el cual supone el mayor reservorio. Independientemente de la función mecánica, este ión desempeña un papel importante en numerosos procesos fisiológicos del organismo, como la cascada de la coagulación sanguínea, el mantenimiento de la integridad de la membrana celular, la adhesión y traducción intracelular, la neurotransmisión, la contracción muscular, la acción enzimática, la síntesis y secreción de factores endocrinos y exocrinos y la proliferación celular; por ello, las variaciones en la concentración extracelular de calcio tienen efectos adversos en estos procesos. Posiblemente la función más importante del calcio extracelular es que constituye el depósito natural y prácticamente inagotable de los iones necesarios en el espacio intracelular2, 3.

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La concentración normal del calcio sérico oscila entre 2.20 y 2.65 mmol/L (8.8 y 10.6 mg/dL), existiendo tres fracciones: el 40% del calcio total sérico se encuentra unido a la albúmina (alrededor del 70%) y globulinas y, en consecuencia, no se difunde a través de la membrana capilar; un 10% se halla en complejos con aniones séricos, principalmente en forma de fosfato, citrato, bicarbonato, lactato y sulfato; y el 50% restante está presente como calcio ...

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