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INTRODUCCIÓN

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La pubertad precoz se conoce desde la Antigüedad: ya algunos autores griegos y romanos hablan de casos que entonces calificaban como “ektrapetoi” o “inusuales”. Entre los siglos xvii y xix, los pacientes con pubertad precoz fueron explotados y tratados con llamativa crueldad. A partir de la segunda mitad del siglo xix comienzan a aparecer estudios clínicos de estos pacientes y a mediados del pasado siglo, se habían recopilado más de 1000 casos en la bibliografía médica1.

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En la última década, el enfoque sobre algunos aspectos de la pubertad precoz central (PPC) ha variado, y sobre otros aspectos existen grandes controversias, particularmente en niñas y sobre todo desde la publicación del estudio PROS (Pediatric Research in Office Settings), dirigido por Marcia Herman-Giddens en 1997, sobre la edad de comienzo de la pubertad en niñas blancas y negras en EE.UU.2. Esta publicación suscitó muchas discusiones y diversas interpretaciones, siendo la primera la que efectuaron P. Kaplowitz y S. Oberfield en 1999, a instancias de la Sociedad de Endocrinología Pediátrica Lawson Wilkins3. Con posterioridad, otros autores propusieron interpretaciones diversas sobre la serie del National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES)4, 5, 6 y del Bogolusa Heart Study7. En todos ellos aparece claramente la idea de que las niñas maduran más tempranamente que hace 30 o 40 años, si bien existen diferencias raciales8.Lamentablemente, las comunicaciones sobre el comienzo de la pubertad en los varones son muy escasas, por lo que no es posible asegurar la misma tendencia que en el sexo femenino9.

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En cuanto al diagnóstico analítico, contamos hoy con distintas posibilidades del test dinámico del factor liberador de gonadotropinas (GnRH) o gonadorelina, en distintas dosis10 y por diferentes vías11, o bien de sus análogos agonistas (aGnRH)12, así como métodos ultrasensibles para la determinación de gonadotropinas13 y de estradiol14, de gran utilidad igualmente para el control del tratamiento supresor.

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La ecografía pelviana proporciona valiosa información sobre la longitud, área y volumen uterinos, así como del volumen ovárico y del número de sus microquistes y en su caso del número y tamaño de los folículos, todo lo cual ayuda a diferenciar la pubertad precoz de sus variantes15. La técnica de eco-doppler de la arteria uterina puede ser de utilidad para el diagnóstico y selección de pacientes que eventualmente precisen tratamiento16.

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Por otra parte, en la actualidad conocemos mejor las indicaciones para solicitar estudios de resonancia nuclear magnética (RM), que permitirán no dejar sin diagnosticar procesos orgánicos causantes de PPC y, por otra parte, no efectuar solicitudes injustificadas17, 18.

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El cuanto al tratamiento con aGnRH, después de muchos años de experiencia, y conociendo los resultados de talla adulta, ganancia de talla con respecto a la predicción de talla adulta (PTA)...

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