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HOMEOSTASIS DE LA GLUCEMIA

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La glucosa es la principal hexosa circulante y tiene una gran importancia fisiológica. El descenso de la glucosa representa una grave alteración metabólica, al proporcionar la glucosa la energía para el metabolismo celular. Los distintos órganos y tejidos tienen requerimientos diferentes de glucosa según sus necesidades energéticas y su capacidad para utilizar otro sustrato como fuente de energía. La glucosa es el sustrato energético primario del tejido cerebral, y su descenso representa una grave alteración metabólica.

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El control de los niveles de glucosa exige una adecuada función y una correlación entre la ingestión de nutrientes, las vías metabólicas en diferentes tejidos (hígado, músculo, riñón, tejido adiposo…), las hormonas y la acción del sistema nervioso autónomo; de esta forma se consigue que los niveles de glucemia se mantengan en períodos de ayuno entre 80 y 100 mg /dL (4.4-5.5 nmol/L) y que los niveles posprandiales no superen los 130 mg/dL (7.2 nmol/L). Ante la carencia de sustratos, el hígado, el músculo y el riñón son capaces de formar glucosa a partir de la degradación del glucógeno en el adipocito; después los ácidos grasos son metabolizados a cuerpos cetónicos y utilizados por tejidos periféricos1. El objetivo es garantizar un aporte adecuado de glucosa a los tejidos nobles, como el cerebro o el corazón, y mantener una reserva energética en otros tejidos.

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Todos estos procesos de formación y degradación de glucógeno, glucosa y ácidos grasos dependen de las acciones hormonales y del sistema nervioso autónomo, de forma que actúan previniendo la hipoglucemia. Sin embargo, sólo una hormona se encarga de regular los valores elevados de glucosa: la insulina.

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VÍAS METABÓLICAS

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Existen una serie de procesos básicos para la obtención de energía, que son la formación y la degradación de glucosa y glucógeno: glucogenogénesis, glucogenólisis, glucólisis y neoglucogénesis. Además existe otra vía de obtención de energía a partir de la oxidación grasa. Las dos primeras se realizan principalmente en el hígado y el músculo, y también, aunque en menor cantidad, en el adipocito y el riñón. El hígado es el órgano más importante para el control de la glucemia, puesto que es capaz tanto de almacenar glucosa y glucógeno como de liberar glucosa al torrente sanguíneo, gracias a las enzimas que desfosforilan las moléculas de glucosa. Todas estas secuencias metabólicas destinadas al control glucémico están en relación con la cantidad y concentración de sustratos presentes para ser utilizados.

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  1. Durante la glucogenogénesis los monosacáridos procedentes de la digestión de los alimentos se utilizan como sustrato para la formación de glucógeno. Tanto la glucosa como la fructosa y la galactosa son metabolizadas a través de diferentes procesos enzimáticos a glucosa 1 fosfato (G1P) que, por fosforilación, pasa a uridinfosfoglucosa, y a través de una enzima sintetasa forma glucógeno, que se acumula principalmente en el hígado y el músculo.

  2. Durante el ayuno, cualquier molécula de glucosa liberada al ...

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