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FLORA VAGINAL NORMAL

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La flora vaginal de una mujer sana, asintomática y en edad fértil comprende diversos microorganismos aerobios, aerobios facultativos y anaerobios obligados (cuadro 3-1). De éstos, los anaerobios predominan sobre los aerobios en una proporción aproximada de 10 a 1 (Bartlett, 1977). Estas bacterias mantienen una relación simbiótica con el hospedador y se modifican según el microambiente. Se localizan en lugares donde se cubren sus necesidades para subsistir y están exentas de los mecanismos destructores que previenen infecciones en el hospedador humano. Aún se desconocen la función y la razón de la colonización bacteriana de la vagina.

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Dentro de este ecosistema vaginal, algunos microorganismos producen sustancias como ácido láctico y peróxido de hidrógeno que inhiben a los microorganismos que no son parte de la flora normal (Marrazzo, 2006). Además, otros compuestos antibacterianos, llamados bacteriocinas, tienen una función similar y comprenden péptidos como la acidocina y la lactacina. Asimismo, diversos tipos de bacterias producen factores proteínicos de adherencia y se fijan a las células del epitelio vaginal.

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Como protección en contra de muchas de estas sustancias tóxicas, la vagina secreta inhibidor de la proteasa leucocítica. Esta proteína protege a los tejidos locales de productos inflamatorios tóxicos e infecciones.

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Ciertas especies bacterianas que por lo normal forman parte de la flora bacteriana tienen acceso al aparato reproductor superior. Un estudio de 55 mujeres asintomáticas en edad reproductiva confirmó una media de 4.2 especies bacterianas del endocérvix y 2.1 de la cavidad endometrial (Hemsell, 1989). De las especies recuperadas, 17% se obtuvo sólo del endometrio, 50% sólo del endocérvix y el resto de ambos sitios. También se informó la presencia de bacterias en el líquido peritoneal obtenido del fondo de saco de mujeres asintomáticas que se sometieron a esterilización tubárica electiva (Spence, 1982). Estos y otros estudios muestran que el aparato reproductor femenino superior no es estéril, pero la presencia de estas bacterias no indica infección activa. En conjunto, estos hallazgos ilustran la posibilidad de desarrollar una infección después de una operación ginecológica y la necesidad de implementar profilaxis con antibióticos (cap. 39, pág. 958). También explican la posible aceleración de una infección aguda local cuando un patógeno, como Neisseria gonorrhoeae, obtiene acceso a la parte superior del aparato reproductor.

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CUADRO 3-1.

Flora bacteriana de la porción inferior del aparato reproductor femenino

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