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INTRODUCCIÓN

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Las masas del aparato reproductor de la mujer constituyen hallazgos clínicos frecuentes y pueden situarse en dicho aparato o en estructuras por fuera de él. Se identifican a veces en mujeres asintomáticas durante el tacto ginecológico corriente, o a veces causan síntomas. Las manifestaciones típicas comprenden dolor, sensación compresiva, dismenorrea o metrorragia anormal. Muchas de las masas de dicho aparato son lesiones adquiridas, pero algunas son producto de anomalías congénitas. En la valoración de las masas comentadas, los métodos de laboratorio por lo regular no aportan datos útiles, pero a veces brindan orientación en esta tarea los niveles de gonadotropina coriónica β-humana en suero (hCG, β-human chorionic gondatoropin) o los marcadores tumorales. En los comienzos de la atención de las pacientes se prefieren estudios como la ecografía, pero si persiste la incertidumbre en cuanto a la naturaleza de la masa, pueden ser provechosos otros análisis como la tomografía computarizada (CT, computed tomography) o las imágenes por resonancia magnética (MRI, magnetic resonance imaging). El tratamiento de las masas en el aparato reproductor de la mujer varía con los síntomas, la edad de la paciente y los factores de riesgo. En muchos casos es factible el tratamiento médico, en tanto que en otros se obtienen los mejores resultados con el tratamiento operatorio.

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FACTORES DEMOGRÁFICOS

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La edad de la mujer es el factor que más influye en la valoración de una masa en su aparato reproductor. Las afecciones varían en gran medida con dicha variable; un ejemplo serían las neoplasias que son más prevalentes en mujeres de mayor edad y ancianas.

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Niñas prepúberes

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Casi todas las masas en el aparato genital de las niñas prepúberes se localizan en los ovarios. Incluso durante la niñez dicha glándula por lo general está activa, e innumerables masas son quistes funcionales (de Silva, 2004; Deligeoroglou, 2004). Las lesiones neoplásicas por lo común son tumores benignos de células germinativas y entre las más frecuentes están los teratomas quísticos maduros (quistes dermoides) (Brown, 1993; Islam, 2008). Los tumores ováricos malignos o cancerosos en niñas y adolescentes son raros y comprenden sólo 0.9% de todos los cánceres en dicho grupo de edad (Young, 1975). Como se expondrá en el capítulo 14 (pág. 389), en el comienzo es posible considerar a los quistes simples asintomáticos como estructuras funcionales y sólo hay que mantener a la paciente en observación. Si son complejos o persistentes, por lo general está indicada la valoración quirúrgica adicional. Las técnicas adecuadas en la población comentada son la laparoscopia y, en muchos casos, la cistectomía ovárica, mas no la ovariectomía.

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Adolescentes

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En su mayor parte, la incidencia y el tipo de afecciones ováricas que se detectan en adolescentes son semejantes a las observadas en niñas prepúberes, además de ...

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