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ANTECEDENTES

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Desde hace más de 2 000 años, el bazo ha constituido uno de los órganos mayores menos conocido y a menudo no apreciado en su justo valor. La función central que desempeña para regular el sistema inmunitario también influye en las funciones metabólicas y endocrinas, y se ha podido valorar en los últimos decenios. Se ha desechado la noción antigua del bazo como un filtro prescindible de la sangre y se han ampliado las estrategias quirúrgicas de este órgano fascinante.

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Muchos de los “padres fundadores de la medicina” sopesaron la anatomía y la función del bazo con el paso de los siglos. Hipócrates1-3 400 años antes de Cristo fue el primero en escribir sobre dicho órgano. Enseñó, en términos generales, la necesidad de equilibrio entre el paciente y su entorno. La enfermedad era producto de la falta de armonía en la naturaleza, en particular entre los cuatro humores del paciente: sangre, flema, bilis negra (melancolía) y bilis amarilla. Hipócrates mencionó la conexión directa entre el cerebro y el bazo y su vínculo particular con la bilis negra. Tales ideas influyeron en los criterios respecto a las funciones del bazo, por más de 1 000 años.2

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Aristóteles, otro de los pensadores de esa época, afirmó tajantemente que la “naturaleza no actúa en vano” pero sostuvo que el bazo era un órgano de menor importancia cuya función principal era “oponerse” al hígado.4 También describió el “carácter caliente” del bazo como factor que facilitaba la digestión.

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Galeno, en el siglo ii de la era cristiana emprendió investigaciones anatómicas más serias, con la idea temprana que la función era consecuencia de la estructura. Sus investigaciones, aunque originales, no tuvieron rigor suficiente, lo cual se manifestó por su planteamiento de que la bilis negra (o melanxolé) surgía del hígado al bazo y después por los vasos gástricos cortos al estómago para ser excretada. La influencia de las enseñanzas de Galeno perduró más de 1 200 años.

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Al principio del siglo xvii, algunos científicos médicos, y uno de los más notables, Malpighi comenzaron a plantear hipótesis sobre la función del bazo al extirparlo en perros. Él señaló después de vigilar a varios perros durante cinco años después de ser operados que su supervivencia era sana a pesar de su hambre insaciable y mayor apetito sexual. El bazo, aún en la época de “humores equilibrados”, según se pensó en esa época, intervenía para “equilibrar también” el apetito. Además de la melancolía, el bazo se vinculó con el hambre y como dato paradójico, también se le consideró como “asiento de la risa”.5

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Es posible que la primera extirpación del bazo en un humano fuese antes de la que se practicó en perros. Andriano Zaccavello en 1549, según se dice, realizó una esplenectomía en una mujer de edad mediana; tal afirmación está rodeada de controversias y se han puesto ...

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