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INTRODUCCIÓN

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En 1953 el Dr. Robert E. Gross publicó el texto clásico titulado The Surgery of Infancy and Childhood, donde resumió los problemas esenciales de la cirugía pediátrica: “Aquellos que operan todos los días adultos, incluso con gran habilidad, en ocasiones se ven intimidados (o al menos no muestran su mejor desempeño) cuando se les pide que operen y cuiden a un paciente pequeño. Se necesitan algo más que instrumentos pequeños o manipulaciones quirúrgicas de menor tamaño para realizar la actividad de manera apropiada”. A la fecha, los residentes de cirugía y otros médicos en capacitación a menudo atienden a los pacientes de cirugía pediátrica con una mezcla de temor, angustia y ansiedad. Los médicos residentes por lo general completan su rotación en los servicios de cirugía pediátrica con un profundo respeto por la resistencia de los niños pequeños para ser sometidos a operaciones complejas y tomando en cuenta la precisión necesaria de los cuidadores, tanto en la sala de operaciones como durante el periodo perioperatorio. Durante varias décadas, la especialidad de cirugía pediátrica ha evolucionado de manera considerable al abarcar no sólo el cuidado de pacientes pequeños con trastornos quirúrgicos, que podrían requerir intervenciones in utero en ciertas circunstancias, sino también para la atención de lactantes mayores, niños, adolescentes y adultos jóvenes. De la misma forma, la comprensión de la fisiopatología de las enfermedades que enfrenta el cirujano pediatra ha evolucionado al punto de que algunas enfermedades pediátricas se comprenden hoy en día a nivel molecular o a nivel de vías de señalización celular. La cirugía pediátrica proporciona la oportunidad de intervenir positivamente en una amplia variedad de procesos patológicos y de ejercer un impacto duradero en las vidas de niños y de sus agradecidos padres. La cantidad de enfermedades encontradas en la práctica quirúrgica geriátrica estándar es inmensa; incluye anomalías de cabeza y cuello, tórax, tubo digestivo y aparato genitourinario. Este capítulo no tiene por objeto analizar la totalidad de enfermedades que debe dominar el cirujano pediatra; más bien constituye una sinopsis de las enfermedades pediátricas que requieren cirugía, practicadas por el cirujano general y que probablemente atenderá a lo largo de su carrera profesional.

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Puntos clave

  1. En recién nacidos con hernia diafragmática congénita de Bochdalek, la gravedad de la hipoplasia pulmonar y la hipertensión pulmonar resultantes son determinantes clave de la supervivencia. Debe evitarse el barotrauma y la hipoxia.

  2. Durante el tratamiento inicial de un recién nacido con atresia esofágica y fístula traqueoesofágica distal, deben realizarse esfuerzos para evitar la distensión del tubo digestivo, en especial cuando se utiliza respirador mecánico. El paciente debe ser valorado en busca de componentes del síndrome VACTERRL (anomalías vertebrales, anorrectales, cardiacas, traqueoesofágicas, renales, porción radial de las extremidades superiores). El momento y extensión de la cirugía dependen de la estabilidad del paciente.

  3. Aunque la malrotación del intestino medio ocurre más a menudo en las primeras semanas de vida, siempre debe considerarse en el diagnóstico diferencial en niños con vómito bilioso. ...

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