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INTRODUCCIÓN

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Las heridas de la cara y piel cabelluda se consideran en conjunto por su proximidad, pero tienen diferencias importantes en cuanto a su reparación. Las heridas faciales, lo que incluye la frente, son las más aparentes desde el punto de vista estético de todas las heridas y por tanto requieren valoración cuidadosa de una técnica meticulosa para la reparación. El médico de urgencias puede reparar la mayor parte de las heridas faciales, pero se recomienda la valoración por un especialista cuando los aspectos técnicos del cierre rebasan la capacidad del médico. Las heridas de la cara que incluyen áreas de avulsión de tejidos pueden repararse principalmente en la sala de operaciones, de forma que pueden aplicarse colgajos o injertos.

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Hay varios principios comunes a la reparación de heridas faciales y de la piel cabelluda. Como cualquier herida, es importante la limpieza y el retiro de cuerpos extraños. Se desbridan al mínimo los bordes cutáneos. Por la excelente irrigación de la cara, los tejidos que parecen no viables a menudo se recuperan y cicatrizan. En heridas pequeñas, <3 cm, suele ser adecuada la infiltración del anestésico local a lo largo de los bordes de la herida; no obstante, la infiltración puede distorsionar la anatomía y ocultar la alineación de los bordes de la herida durante la reparación. Una alternativa es inyectar anestésico local a varios milímetros de los bordes de la herida y esperar un poco más de lo habitual a que disminuya la hinchazón. Otra alternativa son los bloqueos nerviosos regionales, que son en especial útiles para heridas grandes.

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Para el cierre de la piel se recomienda el uso de material monofilamentoso no absorbible; otras alternativas útiles son el material de sutura rápidamente absorbible y los pegamentos hísticos para su uso en ubicaciones selectas. La mucosa y las capas musculares/aponeuróticas se cierran con material de sutura absorbible. A fin de disminuir la cicatrización, por lo común se colocan las suturas percutáneas sobre la cara a 1 a 2 mm de los bordes de la herida, con un intervalo de 3 a 4 mm y con eversión de los bordes. La sutura de la mucosa debe llevarse a cabo a 2 a 3 mm de los bordes de la herida, con intervalo de 5 a 7 mm y con tomas superficiales, de forma que sólo incluya la mucosa y no el músculo o aponeurosis subyacentes. Para el tratamiento de las heridas faciales se recomienda el uso de lupas quirúrgicas, porque permiten una colocación más precisa del material de sutura y una mejor alineación de los bordes de la herida. La mayor parte de las heridas faciales son superficiales y pueden cerrarse en una sola capa con material de sutura percutánea.

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Los traumatismos faciales son una lesión común sufrida por víctimas de violencia intrafamiliar.1 Se debe interrogar a los pacientes con tales traumatismos sobre una posible violencia intrafamiliar y notificarlo a las autoridades apropiadas (cuadro 46-1).

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CUADRO 46-1

Lesiones maxilofaciales y violencia intrafamiliar en las salas de urgencias

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