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INTRODUCCIÓN

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En el mundo, más de 2 500 millones de personas en más de 100 países están expuestas al peligro de contraer rabia.1 La enfermedad ocupa el décimo lugar en el ámbito mundial entre las causas de muerte por enfermedad infecciosa y se calcula que origina cada año 50 000 a 60 000 fallecimientos, a pesar de que se dispone de vacunas eficaces para la profilaxis después de la exposición.1

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El capítulo presente revisa de forma somera las características epidemiológicas, el cuadro clínico inicial y el tratamiento de la rabia. También revisa en detalle la asistencia de posibles contactos con un animal rabioso (después de ocurrida). La información actual se puede obtener de la página domiciliaria sobre rabia de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) (http://www.cdc.gov/rabies/).

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EPIDEMIOLOGÍA

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La rabia es de modo predominante una enfermedad de animales4 y sus aspectos epidemiológicos en los seres humanos reflejan la distribución del padecimiento en los animales y el grado de contacto de personas con ellos.4 En zonas del mundo en que se ha controlado la rabia de caninos (como en Estados Unidos [cuadro 152-1], Canadá y Europa) <5% de los casos en animales corresponde a perros. En países en que no se ha controlado la rabia en perros, éstos son los que causan ≥90% de los casos notificados en animales. Los principales vectores naturales de rabia son los perros caseros y de zonas selváticas (que constituyen el principal vector de la rabia en todo el mundo, particularmente en Asia, Latinoamérica y África); los zorros (Europa, el Ártico y Norteamérica); los mapaches (este de Estados Unidos); las mofetas (en el medio oeste de Estados Unidos y occidente de Canadá); coyotes (Asia, África y Norteamérica); mangostas (mangosta amarilla en Asia y África; mangosta india en países del Caribe) y los quirópteros (vampiros del norte de México hasta Argentina y murciélagos insectívoros en Norteamérica y Europa). En 2007, en 49 estados de Estados Unidos y en Puerto Rico, 93% de los casos notificados de rabia en animales correspondió a especies salvajes rabiosas y la subdivisión por géneros es la siguiente: mapaches (36.6%); murciélagos (27.2%); mofetas (20.4%); zorros (6.7%) y otros animales salvajes que comprenden coyotes, zarigüeyas, nutrias, gatos monteses, roedores y lagomorfos (conejos, liebres y otras subespecies) (1.8%). Los animales domésticos rabiosos comprendieron gatos (3.8%); perros (1.3%); ganado vacuno (0.79%); caballos, mulos y asnos (0.58%); ovejas, cabras y camellos (0.18%) y otros animales, como los hurones (0.04%). Sólo en muy raras ocasiones se ha identificado rabia en ardillas, cricetos (hamster), cobayos, jerbo, perrillos de la pradera, ratas, ratones, conejos domesticados y otros roedores pequeños; por ello, su mordedura casi nunca necesita profilaxis antirrábica después del contacto.

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CUADRO 152-1

Fronteras geográficas de los reservorios de rabia en Norteamérica

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Los animales que son reservorios de la rabia se distribuyen en todo el mundo, con la excepción de algunas islas (como Hawai y Gran Bretaña), Australia y la Antártica. Las infecciones por rabia en mamíferos aparecen en la modalidad de brotes delimitados de modo geográfico. La transmisión dentro de un brote es intraespecífica y comprende una sola variante particular y característica de la rabia.

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FISIOPATOLOGÍA

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Los virus que infectan las glándulas salivales de los animales agresores son los que confieren infecciosidad a la saliva. Después de la mordedura, la saliva que contiene los virus infectantes de rabia se deposita en los músculos y los tejidos subcutáneos. ...

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