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EPIDEMIOLOGÍA

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Antes del decenio de 1950 el tratamiento farmacológico para la esquizofrenia consistía principalmente en la administración de hipnóticos-sedantes, como los barbitúricos, para calmar a los pacientes durante sus periodos de agitación aguda. El descubrimiento de la clorpromacina y el haloperidol permitieron un tratamiento dirigido específicamente a la alteración fisiológica subyacente. Aunque estos fármacos eran efectivos contra los signos positivos de psicosis (p. ej., delirios, alucinaciones, pensamiento desorganizado), no proporcionaban tratamiento para los signos negativos (p. ej., abulia, alogia, retraimiento social). Más aún, estos fármacos estaban asociados con significativos efectos adversos.

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En el decenio de 1990 surgió la segunda generación de fármacos terapéuticos, o antipsicóticos atípicos. Se caracterizan por sus efectos secundarios extrapiramidales mínimos cuando se toman en dosis efectivas y por su actividad contra los signos negativos de la esquizofrenia. En 2002, el aripiprazol, llamado antipsicótico de tercera generación, fue lanzado para su utilización en el tratamiento de la esquizofrenia (cuadro 174-1).

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CUADRO 174-1

Antipsicóticos comunes

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Estos fármacos fueron conocidos originalmente como tranquilizadores mayores, por su capacidad para calmar a los pacientes. Puesto que no son simplemente sedantes, el término es inapropiado. Estos fármacos fueron también denominados neurolépticos, lo que hace referencia a su capacidad de ralentizar el movimiento. Con el advenimiento de los antipsicóticos atípicos se hizo claro que las propiedades antipsicóticas y neurolépticas no necesariamente son paralelas. Por esta razón, el término preferido es antipsicóticos. Aunque antipsicótico es un término útil, estos fármacos son a veces administrados para tratar otras condiciones, como agitación, náusea y emesis, varios tipos de cefalea; para suprimir el hipo, y para controlar varios trastornos motores involuntarios, como el síndrome de Tourette, la corea de Huntington y trastornos de ganglios basales.

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FISIOPATOLOGÍA

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Un método útil para clasificar los antipsicóticos es congruente con sus perfiles relativos de unión con receptores (cuadro 174-2).1 En sobredosis, la toxicidad clínica es principalmente un efecto exagerado de la actividad farmacológica.

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CUADRO 174-2

Afinidad relativa de receptores antipsicóticos selectos

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