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INTRODUCCIÓN

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En urgencias, ~6 millones de pacientes son valorados cada año por dolor torácico o síntomas que sugieren un síndrome coronario agudo (ACS, acute coronary syndrome).1 Un pequeño número de estos pacientes muestra elevación del segmento ST en el primer ECG de 12 derivaciones y se les somete de inmediato a una trombólisis o intervención coronaria percutánea. En un subgrupo mucho mayor de estos pacientes con dolor torácico, finalmente se detecta otro diagnóstico distinto del ACS. Por desgracia, a menudo estos pacientes con dolor torácico no isquémico manifiestan síntomas idénticos a los de los sujetos con isquemia miocárdica verdadera. De hecho, no hay un solo síntoma aislado o combinación de síntomas que sean lo suficientemente distintivos como para evitar otras técnicas de diagnóstico.2 Los primeros marcadores serológicos de lesión cardiaca (creatina fosfocinasa y su fracción MB, troponina) y los cambios ECG tampoco son diagnósticos en este subgrupo de enfermos y su sensibilidad es muy reducida, de 20 a 50%, respectivamente.3,4 Por consiguiente, el médico de urgencias se enfrenta con frecuencia a la disyuntiva que representa la atención de los pacientes con un riesgo no despreciable de padecer dolor torácico isquémico, pero que carecen de indicaciones diagnósticas certeras de ACS cuando acuden al servicio de urgencias.

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En la práctica es difícil establecer la presencia de dolor torácico isquémico y suceden errores. Entre 2 y 4% de los individuos que acuden al servicio de urgencias con síntomas sugestivos de isquemia miocárdica son dados de alta en forma equivocada.5 Las consecuencias del alta prematura de los sujetos con riesgo de padecer episodios coronarios adversos son en ocasiones notables y el riesgo de mortalidad es casi dos veces mayor que el de aquellos que son hospitalizados.5 Por tanto, los médicos atienden este síntoma de forma conservadora. Sin embargo, este método genera numerosas hospitalizaciones innecesarias y sólo 30% de los sujetos que son hospitalizados por sospecha de infarto del miocardio finalmente recibe el diagnóstico de cardiopatía isquémica.6 Al utilizar esta práctica, el gasto nacional estadounidense por el ingreso para descartar un ACS es cercano a 10 000 millones de dólares cada año.7 En varios hospitales se han adaptado “unidades de dolor torácico” de corta estancia para llevar a cabo el diagnóstico y el tratamiento rápido y barato de este problema y cada vez más los médicos de urgencias son los encargados de supervisar estas investigaciones.

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En este capítulo se describe el campo de los estudios de diagnóstico por imagen del miocardio sin penetración corporal para la evaluación de los individuos con síntomas de isquemia miocárdica aguda. Estas técnicas se utilizan como método para clasificar el riesgo cardiaco y su finalidad es aumentar la sensibilidad y la especificidad diagnósticas para el ACS. Además ayudan a guiar el tratamiento y el pronóstico del enfermo. Cada método tiene sus ventajas y desventajas y el conocimiento de ellas guía al médico para elegir el estudio más ...

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