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Introducción

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La exploración de un enfermo de la piel no difiere en gran manera del estudio de un paciente cualquiera, sólo que hay ciertas peculiaridades que hacen variar un poco el orden de esta exploración, debido a la accesibilidad de las lesiones cutáneas que invita primero a ver y luego a preguntar. Dado que la piel es el órgano más extenso y superficial del organismo, su sintomatología está evidentemente a la vista del propio paciente y del explorador (lo cual constituye una ventaja y desventaja al mismo tiempo), factor que facilita su examen.

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Cuando entra un paciente al consultorio del médico, el clínico quizá sepa incluso antes de preguntar cuál es el problema. Algunos datos están a la vista, de modo que bastan para un diagnóstico seguro: presencia de lesiones en partes visibles, uso de alguna pomada, incomodidad o inquietud del enfermo, rascado imperioso y manifestaciones de esta naturaleza pueden orientar al médico a pensar que está frente a un caso dermatológico.

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Después de las primeras palabras de cortesía e intercambio para establecer la indispensable y útil relación médico-paciente, éste le referirá que tiene “algo en su piel” o hablará en términos populares que pocas veces corresponden a su verdadero significado médico. Así, por ejemplo, quizá diga que padece “ronchas”, “urticaria”, “jiotes”, “hongos”, “alergia”, “granos” y un largo etcétera. A menudo es inútil tratar de aclarar de inmediato el significado de estas palabras en boca del paciente, así que lo lógico es decirle amablemente: “por favor, muéstreme sus lesiones”, de cualquier modo lo más probable es que el mismo paciente preguntará algo como: “¿no desea examinarme?”

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Es aquí cuando el médico invierte el proceso habitual de la propedéutica para examinar antes de preguntar, es decir, primero realiza la exploración física y después el interrogatorio que es tan importante como en cualquier clínica, pero que en este contexto tiene lugar después del examen y con cierta orientación. La idea generalizada de que el dermatólogo a menudo no pregunta es exagerada, sí pregunta, pero lo hace a su tiempo y cuando lleva ya —tras la exploración cuidadosa de la piel— una idea diagnóstica previa. En otras palabras, a diferencia de otras clínicas como gastroenterología, cardiología o neurología, en dermatología el diagnóstico es mucho más rápido y directo, y también se llega más pronto a la muralla de la ignorancia, es decir, por lo menos sabremos más pronto qué no sabemos, lo cual en sí es una ventaja.

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La exploración física de la dermatosis (toda afección de la piel recibe este nombre) requiere los mismos procedimientos de la propedéutica general, pero en especial de la inspección y de la palpación. Se requiere un local adecuado, con buena temperatura e iluminación suficiente, de preferencia luz de día o de lámparas de luz blanca que produzcan una buena iluminación de frente al paciente y no de arriba abajo porque se producen sombras que enmascaran o deforman ...

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