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INTRODUCCIÓN

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Aun cuando muchos agentes patógenos y procesos pueden afectar el hígado (cuadro 14-1), en pacientes individuales por lo general se manifiestan de un número limitado de maneras que pueden valorarse por medio de evaluación de algunos parámetros clave. La enfermedad hepática puede ser: aguda o crónica, focal o difusa, leve o grave, así como reversible o irreversible. La mayoría de los casos de enfermedad aguda del hígado (p. ej., causada por hepatitis viral) son tan leves que nunca llegan a la atención médica. Los síntomas transitorios de fatiga, la pérdida del apetito y las náuseas suelen atribuirse a otras causas (p. ej., gripe), y no se descubren anormalidades bioquímicas menores atribuibles al hígado, que podrían identificarse en análisis de sangre. En estos casos el paciente se recupera sin consecuencias médicas duraderas. En otros casos de lesión aguda hepática, los síntomas y signos son bastante graves como para requerir atención médica. Es posible que haya afección de toda la gama de funciones del hígado, o sólo de algunas, como ocurre con la lesión hepática por ciertos fármacos que dan por resultado deterioro aislado de la función del hígado en la formación de bilis (colestasis). Ocasionalmente ocurren lesión hepática viral, inducida por fármacos y otro tipo de lesión hepática aguda de una manera abrumadora, lo cual da lugar a la muerte masiva de células hepáticas y la insuficiencia multiorgánica progresiva. Este síndrome de insuficiencia hepática aguda (también denominado insuficiencia hepática fulminante) conlleva una tasa de mortalidad alta; sin embargo, durante los años recientes, el trasplante hepático de urgencia extrema ha mejorado significativamente la supervivencia.

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CUADRO 14–1

Enfermedades hepáticas

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