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Nota

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A partir de éste, los capítulos recogen terminología muy usual en aquellos aspectos que juzgamos de mayor trascendencia fuera del concepto topográfico: se refieren a dos categorías de la clasificación etiológica —enfermedades debidas a infección por microorganismos, y neoplasias— y a dos procedimientos auxiliares de diagnóstico: laboratorio y radiología. Sin agotar ni con mucho la materia, creemos dejar así explicados los vocablos de mayor uso.

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Introducción

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Tras la inoculación de algún agente patógeno infeccioso, el proceso puede permanecer localizado a una cierta área, y crear un estado inflamatorio —así se originan los abscesos agudos o crónicos2— o una fase de generalización que determina lo que propiamente se conoce con el nombre de infección. Las vías de entrada de las infecciones generales, reconocidas de manera indiscutible, son los aparatos respiratorio y digestivo, la piel o las mucosas; por lo común, cada agente infeccioso prefiere una puerta de entrada y ocasiona allí mismo manifestaciones, aun cuando no siempre acontece así, tales como los casos del bacilo tuberculoso y del meningococo. Los caminos más usuales por los cuales se realiza la invasión están constituidos por las vías linfática, sanguínea y nerviosa; cuando el microorganismo penetra, necesita determinada virulencia para provocar daño, y la presencia misma puede ser inocua3 en ciertos casos; ya en el momento en que lesione al huésped, puede hacerlo por el número de elementos, esto es, su multiplicación enorme, o por las toxinas que produzca. La virulencia, pues, resulta de dos factores distintos: la acción vital del agente y los trastornos que señala su extraordinaria reproducción, y la elaboración por él de secreciones tóxicas o toxinas. La septicemia será motivo del primer hecho; la toxemia, del segundo, y ejemplos son la toxemia, el tétanos y la difteria. Un mismo agente puede provocar distintas reacciones clínicas, y agentes patógenos varios pueden generar idénticas manifestaciones clínicas, al menos en apariencia. La manera en que un sujeto responde al agente infeccioso depende de su pasado inmunitario, su constitución y ambiente: hábitat.4 La influencia del terreno es decisiva: propio de los tejidos es reaccionar y luchar por la curación, en relación directamente proporcional con el estado de nutrición que conciban. La fatiga, el hacinamiento y la alimentación deficiente contribuyen como factores desencadenantes al progreso de la infección.5 Así como existen condiciones que protegen contra infección, un estado de menor resistencia a los agentes la propicia. Considérese, en resumen, que el agente es un agresor que invade los tejidos, que el cuerpo humano moviliza sus defensas, que el médico —en el papel de actor— es un combatiente cuya meta estriba en conquistar o dominar la infección. El manejo de las infecciones implica profilaxis, reconocimiento temprano de ellas, y suministro de una terapéutica adecuada.

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Se han establecido cuatro grupos de agentes patógenos agresores: bacterias, hongos, virus y rickettsias. Las bacterias son un grupo de microorganismos unicelulares: si son esféricas se nombran cocos; si ...

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