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Introducción

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La radiología comprende el estudio de las radiaciones, en especial de los rayos X, en sus aplicaciones al diagnóstico, y debe distinguirse de la radioterapia, que implica la aplicación terapéutica de los rayos X. El término radiodiagnóstico se aplica a la identificación de un padecimiento mediante métodos particulares. La radiografía no es sino la fotografía lograda gracias a la utilización de los rayos X.

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La exploración radiográfica casi siempre se utiliza para corroborar un diagnóstico, otras veces para desecharlo y aun descubrir una entidad patológica insospechada. El valor de los procedimientos radiográficos está en razón directa del conocimiento de sus indicaciones, amén de las limitaciones en cada caso particular: de ahí la selección del método apropiado para obtener resultados, los más significativos. No está por demás el recordar que, debido a la incógnita de los daños genéticos ocasionados por las radiaciones, los exámenes radiográficos deben ser racionados: nunca uno de ellos ha de iniciar el estudio, sino complementar obligadamente —cuando se le juzgue indispensable— la historia clínica; las indicaciones, bien fundadas, deben definir con claridad el problema a resolver, y conducir desde luego a la elección del método exploratorio. El examen meticuloso realizado por el médico lo coloca en la situación ideal de saber cuál es la información o resultado a esperar; gracias a una solicitud explicativa, precisa, el especialista en imagenología ejecuta su trabajo con mayor exactitud, aplicando las maniobras adecuadas, las proyecciones más útiles y los tiempos más convenientes. Cuando el examen no se efectúa bajo tal criterio, datos falsos desorientan el diagnóstico.

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Las limitaciones de los estudios radiográficos acusan una índole física —en caso de faltar el monto de densidad entre el tejido patológico y el normal—, otra anatomopatológica —si la alteración no es macroscópica—, una tercera anatomotopográfica, cuando es imposible lograr la representación por separado de la región enferma. El examen debe ser discutido con el clínico; en múltiples oportunidades se comprueba que un signo radiográfico carece de valor diagnóstico, o que, un accesorio, no explica los síntomas; en algunas más, el resultado del estudio es negativo. La interpretación radiológica, aun siendo correcta, no siempre está en relación con las molestias del paciente; puede así ser concomitante o simplemente relegarse a un hecho secundario.

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En cuanto a protección contra radiación, cabe recalcar el mantenimiento de las dosis en sus límites inferiores, utilizando la enseñanza o educación y el entrenamiento del personal para que no se dañe y no perjudique al examinado. Los estudios han de limitarse en razón de la dosis corporal que recibe el paciente; los exámenes “de rutina” no tienen razón de ser.1

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Durante los últimos decenios han quedado disponibles nuevos estudios de imágenes que superan muchas de las desventajas de las radiografías simples y de los estudios radiográficos con medio de contraste. Entre dichos estudios de imágenes figuran la ecografía, la tomografía computarizada y la resonancia magnética, con múltiples variedades, y con el ...

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