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Introducción

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Puntualizamos cuanto dijo el Dr. Cárdenas de la Peña en la advertencia a la segunda edición. “La medicina, tecnificada en los decenios postreros, constituye una ciencia más y más exacta —¿llegará a serlo algún día de tal suerte que no sufra tropiezos?—, dueña de múltiples aciertos y acercamientos a una verdad casi perfecta pero, para desgracia del ser encadenado a una enfermedad, cada vez más deshumanizada. Las fórmulas, los reactivos, los procedimientos o los medios terapéuticos, elevados a una seguridad sublime, han dado paso a la aplicación de la máquina, convirtiendo al paciente en un ente manejado —así podría llamársele— por un robot y no por un consejero o amigo. Una batería de pruebas o de mecanismos automatizados, por excelente que sea, no puede suplantar al binomio médico-paciente y su relación íntima porque nunca proporciona el acercamiento espiritual impartido por otra persona, ya que ésta, sensible, se percata del beneficio a transmitir no sólo con su consejo u opinión sino con su limitada pero indefectible presencia. El médico de antaño, convertido en esperanza para el enfermo, sustituido ahora por un instrumento calculador enigmático y frío, va desapareciendo del escenario.

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“No dejemos pasar por alto esta advertencia del cambio. A fin de cuentas, hasta el presente el ser humano maneja a la máquina. ¿Será que algún día la máquina ordene al hombre y a la mujer? Bien que los avances existan, pero bajo el control humano donde el cerebro, con su intrincada red de moléculas y átomos, reacciones bioquímicas despertadas por enzimas, códigos genéticos y conexiones sinápticas, registre un cúmulo de señales, imponiendo por sí una idea rectora dentro del mundo físico y el mundo simbólico. La identificación y comprensión de la biología, simplemente, debe fundir los estudios analíticos con los fenomenológicos: la física y la biología no pueden contar por sí solas, si no toman en cuenta la relación del hombre y de la mujer con los demás seres humanos, con la cultura y la historia, y con su propia biografía; así, han de propender a que el ser humano, diferente a las máquinas, considere su capacidad para conocer el mundo que lo rodea y conocerse a sí mismo como sugieren los doctores Bruno Estañol y Eduardo Cesarman en El telar encantado. El enigma de la relación mente-cerebro. No está de más fusionar a la ciencia con el afecto por el ser humano. El asombroso mundo tecnológico nunca debe suprimir la devoción por la cultura, el compromiso ético-humanístico con el cual ha de nacer la profesión médica, y no sólo nacer sino mantenerse en definitiva.

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“Jose J. Macías Mendoza, con absoluta verdad y rigor convincente, afirma justamente que ‘el médico actual, con toda la tecnología en la mano, no debe olvidar que es un hombre con conocimientos y experiencia puestos al servicio de otro hombre sufriente que ha depositado su esperanza en él’.

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“La medicina, hoy, es muy otra de la de antaño. ...

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