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Introducción

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“Un científico es aquella persona que siempre tiene algo nuevo que decir pero que no sabe cómo”

Sir James M. Barrie [1860-1937]

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La escritura de un artículo científico se considera una de las tareas más complicadas en el ejercicio profesional de un científico; si se reflexiona, esta afirmación es correcta. La creación de un manuscrito médico o científico es algo muy distinto de la realización de un protocolo de investigación, la intervención en la tutoría de alumnos de posgrado o la presentación de los resultados en un foro científico; escribir es tratar de ir más allá, es comunicar con claridad por escrito, es decidirse a sortear una serie de obstáculos que muchas veces nada tienen que ver con el trabajo realizado. Para escribir, basta con decidirse. Y la realidad es que eso no se enseña; no hay una fórmula que lleve de la mano hasta la publicación. Hay que aprender a sortear los obstáculos que se van presentando, a sentarse a escribir y rodearse de gente con capacidades y talentos diferentes.

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Cuando surge la tarea de elaborar un manuscrito, no se encuentra a nadie que quiera hacerla y en muchos grupos se le asigna al más joven e inexperto. Luego, cuando éste hace lo que puede, surgen los críticos por todos lados, que quieren modificar hasta las comas. Esto hace que los jóvenes se sientan agredidos cuando escriben, que los profesores no terminen lo iniciado y que, en muchas ocasiones, el trabajo realizado se quede en un cajón. La intención del presente capítulo es tratar de aclarar algunos temas relacionados con la manera de enfrentar la escritura científica y, más que nada, de entrar con paciencia al juego de la publicación.

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En primer lugar, es necesario aclarar que este capítulo no está orientado a enseñar a escribir un “buen artículo”, puesto que, como afirma el profesor Albert (Albert, 2000): “Si algo es diverso es la opinión acerca de lo que es un buen artículo”. Lo que sí resulta indiscutible es que detrás de cualquier escrito médico debe existir un trabajo científico sólido y también es cierto que existen más trabajos con un buen fundamento que espacio disponible en revistas. La realidad es que se publican los manuscritos que los editores de las revistas consideran apropiados. Al final, lo que se debe considerar es lo que quiere el editor. Este es un concepto con el que científicos y académicos están poco familiarizados, y que despierta sentimientos de rechazo: en la publicación de un artículo se trata de combinar el trabajo científico y la perseverancia con una actividad de ventas.

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La tarea consiste en crear un producto (el artículo) y venderlo al editor; una vez aceptado, se puede decir que se ha ganado. Resulta complejo redactar acerca de cómo escribir un artículo científico; aunque el autor se apegue a los cánones y las reglas internacionales, no tiene garantizado en ningún momento ...

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