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Origen y desarrollo de la hematopoyesis en el ser humano

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La sangre de los mamíferos, entre ellos el ser humano, contiene diferentes tipos de células que resultan esenciales para garantizar la supervivencia en un medio adverso. Entre éstas se incluyen los eritrocitos, que transportan oxígeno; las plaquetas, que regulan la coagulación sanguínea, y los granulocitos neutrófilos, eosinófilos y basófilos, que resultan indispensables al igual que los monocitos para establecer los mecanismos de defensa contra bacterias, virus, hongos y parásitos.

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Por su parte, la inmunidad mediada por células requiere la presencia en número y función normal de los linfocitos T, las células citolíticas naturales (NK, natural killer) y las células dendríticas, todas las cuales funcionan como células presentadoras de antígenos, además de participar en la inmunidad celular. Asimismo, se identifican los linfocitos B, que son las células productoras de anticuerpos para la respuesta inmune humoral.

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La progresión ordenada de la ontogenia de estas distintas células de la médula ósea se encuentra bajo el control de una considerable variedad de factores celulares y humorales, los cuales deben responder con rapidez a las demandas de la homeostasia en el organismo. Para cumplir estas demandas es necesario que exista una adecuada hematopoyesis, que puede subdividirse en dos sistemas: el sistema embriónico (primitivo) y el sistema definitivo (adulto o maduro). Es posible también reconocer conceptualmente tres periodos de la hematopoyesis: el mesoblástico, el hepático y el mieloide, según sea el sitio donde ésta predomine.

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Durante la primera fase, o de hematopoyesis primitiva, circulan en el feto eritroblastos nucleados originados en el saco de Yolk (fig. 1-1); estos eritroblastos suministran oxígeno y nutrientes a los tejidos en desarrollo.

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Figura 1-1.

Hematopoyesis en el embrión, desarrollo de los hemangioblastos en el saco de Yolk.

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Conforme va progresando la embriogénesis, este proceso primitivo se sustituye por la hematopoyesis definitiva, la cual depende de la actividad de las células hematopoyéticas pluripotenciales denominadas células tallo, madre o progenitoras, caracterizadas por poseer la capacidad de autorrenovación y son además capaces de regenerar la hematopoyesis trilineal en la médula ósea de individuos sometidos a mieloablación. Dichas células pueden dar lugar al dividirse a dos poblaciones, la primera idéntica a sí misma y la segunda de células hematoprogenitoras mieloides, cuya progenie evoluciona hacia un linaje específico, sea eritroide, mieloide o linfoide.

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Todas las células sanguíneas se derivan del tejido conectivo embrionario, el mesénquima. En la especie humana, el embrión contiene cuando menos dos fuentes de células hematopoyéticas distintas, constituidas por linajes celulares separados. Una de ellas se localiza en el saco de Yolk, en el cual las células tallo se generan después de pasar por las fases de gástrula y formación del mesodermo (fig. 1-1). Los glóbulos rojos primitivos morfológicamente reconocibles se originan primero aquí a partir de los hemangioblastos, ...

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