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Historia de la transfusión sanguínea

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Orígenes

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La sangre ha ejercido una extraña fascinación en la mente de los seres humanos desde el principio de la historia de la humanidad, ya que se la ha considerado la esencia de la vida, el vehículo del alma y la mayor fuerza vital. En la cultura grecorromana se encuentran referencias del periodo clásico del uso de la sangre; Galeno escribió que las arterias contienen sangre, no aire (etimológicamente “arteria” significa “llevar aire”) como se creía.

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En el Antiguo Testamento se hace referencia a la naturaleza y disposición de la sangre en múltiples ocasiones, por ejemplo, en el Levítico (17:11-12) dice: “La vida de la carne está en la sangre, la sangre es la razón de la vida, por lo que nadie debe comer sangre”; en el Génesis (9:4): “[…] no debe comerse la carne que todavía contenga la sangre que le da vida”; Éxodo (12:5-9): “[…] el cordero del sacrificio no debe contener sangre y no se comerá cruda sino después de haberse pasado por fuego” y Levítico (6:30): “[…] las ofrendas que se hagan por los pecados deben estar libres de sangre para comerse y han de ser pasadas por fuego”.

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En la Antigüedad la sangre fue referida como un líquido vital, capaz de curar casi cualquier cosa. Plinio describió la forma en que los gladiadores romanos bebían sangre para curar, entre otras cosas, la epilepsia; los faraones egipcios se bañaban en sangre para tratar la elefantiasis y Galeno la indicaba para el tratamiento de la rabia; asimismo, los escandinavos bebían la sangre de ballena para tratar el escorbuto.

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La transfusión sanguínea (TS) se menciona en manuscritos hebreos en referencia al general Naam, líder de los ejércitos del rey de Siria, ya que sus médicos intentaron curarlo de la lepra extrayendo la sangre de sus venas y reemplazándola por la de un soldado saludable.

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La idea de la TS reverberó con creciente fuerza en los siglos XV y XVI, cuando se creía que la transfusión de sangre de una persona joven y vigorosa a un anciano o enfermo era capaz de revitalizar a este último. Se ha afirmado que el papa Inocencio VIII, en fase terminal de una insuficiencia renal crónica, recibió la sangre de tres niños de 10 años en 1492, probablemente en la forma de un brebaje, con el desafortunado resultado de que tanto el pontífice como los tres jóvenes veniseccionados fallecieron. En esta misma etapa se relacionaba el “carácter sanguíneo” con la lujuria y la arrogancia.

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Tres gigantes de la ciencia de los siglos XVI y XVII contribuyeron en gran medida al estudio de la TS: Andrés Vesalio rechazó las ideas medievales de la anatomía y el aparato circulatorio; William Harvey describió por primera vez de manera correcta la circulación de la sangre en su trabajo De motu cordis, publicado en 1628; Marcello ...

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