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Célula madre hematopoyética

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La primera evidencia de la existencia de células madre hematopoyéticas en el humano surgió en 1945, cuando se comprobó que algunos individuos que habían sido expuestos a dosis letales de radiación podían ser rescatados mediante un trasplante de médula ósea de un donador sano, el cual permitía la regeneración del tejido sanguíneo. En 1960, McCulloch y Till notaron que ratones radiados letalmente, a los que se habían inyectado células extraídas de la médula ósea de ratones no radiados, podían sobrevivir y comenzaron a analizar los tejidos hematopoyéticos de estos animales con la finalidad de encontrar los componentes causales de la regeneración sanguínea. Así, hallaron masas tumorales en el bazo de los ratones que, una vez examinadas, resultaron ser colonias de hematopoyesis, capaces de generar las tres estirpes celulares, de donde nació el concepto y definición de la célula madre como aquella capaz de autorrenovarse, diferenciarse y proliferar extensamente. Las células madre hematopoyéticas circulan en la sangre fetal y en la del adulto. Se estima que el porcentaje de ellas en la médula ósea es de 1%, y en la sangre periférica de 0.01 a 0.1%.

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La médula ósea es el sitio donde se producen las células sanguíneas. A partir de esta célula multipotencial —llamada célula madre hematopoyética o progenitora— se originan todas las células sanguíneas: eritrocitos, leucocitos (que incluyen los distintos linfocitos) y plaquetas. El término “célula madre” se utilizó por primera vez en hematología en 1896, cuando Pappenheim propuso la existencia de una célula precursora capaz de dar origen a las estirpes celulares de la sangre. Las células madre se pueden clasificar, según su potencial de diferenciación, en totipotenciales (que pueden dar lugar a un organismo completo), pluripotenciales (que tienen la capacidad para desarrollarse en una de las tres capas germinativas: endodermo, mesodermo o ectodermo) y multipotenciales (que tienen la capacidad de generar todos los tipos de células de un mismo tejido), y según el tejido de origen en células madre embrionarias (células derivadas de la masa celular interna del embrión temprano, en esta etapa llamado blastocisto) o adultas (célula multipotente, que puede generar todos los tipos celulares de un mismo tejido, como el sanguíneo).

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Las células madre se encuentran en todos los organismos multicelulares y se distinguen por dos propiedades: se autorrenuevan —es decir, se multiplican infinitamente conservándose indiferenciadas— y, al mismo tiempo, se diferencian, siendo capaces de originar uno o varios tipos de células diferenciadas, como las células de piel, hígado, músculo, neuronas, etcétera.

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La célula madre hematopoyética es entonces capaz de dividirse sin diferenciarse y de esta manera se perpetúa (capacidad de autorrenovación). También tiene la capacidad de aumentar su número en situaciones de sangrado, infección, etc., es decir, puede hacer esto en situaciones de apremio del organismo en las cuales se requiere un aumento urgente en la celularidad sanguínea. Recientemente se ha observado que las células hematopoyéticas totipotenciales tienen la capacidad de influir en la regeneración ...

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