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Introducción

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Las enfermedades por lo general crean consecuencias sociales significativamente negativas para el individuo, la familia, la sociedad y, en un sentido más amplio, para las poblaciones afectadas por ellas. Entre los principales efectos negativos para la sociedad cabe resaltar la reducción de la productividad económica y la inestabilidad política.

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El conocimiento correcto de las repercusiones reales de una enfermedad es esencial en la formulación de políticas de salud pública para asegurar que puedan priorizarse intervenciones de salud e investigación sobre salud que lleven a la asignación apropiada de recursos. A pesar de que muchos profesionales del cuidado de la salud consideran que las enfermedades hepáticas son de poca importancia, es necesario señalar que ciertas enfermedades del hígado, como la hepatitis viral y las enfermedades hepáticas que se originan por enfermedad de hígado graso no alcohólica (NAFLD, del inglés non-alcoholic fatty liver disease), son altamente prevalentes en la población, y otras, como la cirrosis, el carcinoma hepatocelular (CHC) y la hepatitis fulminante, son en extremo mortíferas.1

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Las repercusiones de una enfermedad comprenden algunos aspectos de salud pública: la frecuencia de la enfermedad, medida por la incidencia y la prevalencia; su efecto sobre la longevidad, o años de vida perdidos debido a muerte prematura; morbilidad, caracterizada por la declinación del estado de salud y de la calidad de vida, y costos financieros, incluso costos directos e indirectos relacionados con la salud, de los individuos.1

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La frecuencia de una enfermedad particular puede medirse tanto por los casos existentes como por la aparición de nuevos casos. La prevalencia describe la proporción de la población blanco afectada por una enfermedad específica en un periodo dado, mientras que la incidencia describe la frecuencia de aparición de nuevos casos durante un cierto periodo. Puesto que muchas enfermedades del hígado son insidiosas, a menudo hay un intervalo prolongado entre el inicio de la enfermedad y su detección. Además, muchos pacientes con enfermedad del hígado permanecen asintomáticos hasta que aparece descompensación hepática. De este modo, excepto por un pequeño número de enfermedades (p. ej., insuficiencia hepática fulminante), es muy difícil evaluar con exactitud la incidencia de las enfermedades del hígado. Por otro lado, la evaluación de la prevalencia en teoría puede ser más fácil que la de la incidencia, pero muchos estudios epidemiológicos se efectúan con base en pacientes remitidos a centros de especialidad, que quizá no representen la prevalencia verdadera de la enfermedad en la población de un país.1

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Se estima que las repercusiones de la enfermedad hepática crónica serán aún mayores, debido en parte a la prevalencia creciente de ciertas enfermedades hepáticas, como cirrosis y CHC secundario a NAFLD y hepatitis C.2,3

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En general, el consumo de alcohol y la hepatitis C crónica han sido las principales causas de cirrosis hepática. En fecha más reciente, con la prevalencia cada vez mayor de obesidad y síndrome metabólico, ha ...

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