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Introducción

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La encefalopatía es una de las principales entidades de descompensación de los pacientes cirróticos caracterizada por alteraciones en el sistema nervioso central; el espectro del deterioro cognitivo en estos pacientes abarca estadíos de encefalopatía hepática mínima, hasta encefalopatía hepática manifiesta.

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La encefalopatía hepática mínima (EHM) se caracteriza por la presencia de alteraciones cognitivas que son identificadas a través de pruebas psicométricas o neurológicas, ya que las manifestaciones clínicas no son evidentes a las evaluaciones rutinarias; este primer estadio encefalopático afecta las actividades diarias del paciente, incrementa los riesgos de caídas y accidentes, lo que representa un efecto negativo directo en la calidad de vida. Se estima que la EHM está presente en 30 a 84% de los pacientes cirróticos, con variaciones en la prevalencia según el método utilizado para su detección; la EHM es un predictor para el desarrollo de encefalopatía hepática manifiesta (EH).1,2 La EH, por su parte, comprende manifestaciones neuropsiquiátricas evidentes en la evaluación clínica, como alteraciones en el ciclo sueño-vigilia, deterioro cognitivo, alteraciones de la memoria, pérdida de conciencia, cambios en la personalidad, trastornos neuromotores, estupor y coma.

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La fisiopatología de estos procesos se relaciona con un desequilibrio en el eje intestino-hígado-cerebro; sin embargo, algunos mecanismos aún son inciertos. La evidencia existente hasta ahora sugiere que la nutrición desempeña un papel importante en el desarrollo de estas alteraciones, de modo que la malnutrición es una de las principales causas de morbimortalidad en los pacientes cirróticos.3

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Evaluación del estado de nutrición en pacientes cirróticos encefalópatas

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La malnutrición es una de las principales complicaciones en el paciente cirrótico; este término alude a la nutrición inadecuada por el exceso o deficiencia de macronutrimentos y micronutrimentos, lo que se refleja en un estado nutricional subóptimo asociado con desenlaces clínicos desfavorables;4 la malnutrición está presente en alrededor de 65 y 90% de los casos de enfermedad hepática crónica,5 y es más evidente en pacientes con signos de descompensación —como encefalopatía— que además cursan con anorexia.6 La etiología de la desnutrición en estos pacientes es producto de un complejo círculo vicioso en el cual la proteína favorece el desarrollo de encefalopatía, por lo que se restringe el aporte proteínico, lo que deteriora la función hepática y lleva al paciente a un estado de malnutrición en el que el aporte de proteínas es fundamental para restablecer el estado nutricio del paciente.7

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Las principales consecuencias de la malnutrición, además de la disminución de la masa muscular, son el incremento en la morbimortalidad, el compromiso de la función respiratoria e inmune, mayor propensión al desarrollo de síndrome hepatorrenal, ascitis y aumento del tiempo de recuperación.8

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En la mayoría de los casos la malnutrición es subestimada, subdiagnosticada y no recibe tratamiento, de modo que el primer y más importante paso consiste en evaluar el estado de nutrición del paciente.9 La ...

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