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Introducción

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La lesión hepática inducida por fármacos, compuestos herbales u otros compuestos tóxicos constituye un desafío clínico complejo y un problema de salud pública relevante.1,2 Su ocurrencia tiene implicaciones en un amplio espectro de profesionales y disciplinas, incluyendo médicos clínicos e investigadores, farmacólogos, toxicólogos, agentes de la industria farmacéutica y autoridades reguladoras gubernamentales.3 Más de un millar de medicamentos o compuestos herbales han sido vinculados a diferentes formas de daño hepático, de modo que es la hepatotoxicidad el principal motivo de retiro de sustancias en fases de investigación preclínica o desde el mercado, una vez recibida su aprobación comercial.4 Además, la mayoría de los registros indica que la lesión hepática inducida por fármacos es también la principal causa de falla hepática aguda.5-7

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La importancia del problema y las limitaciones existentes para la investigación en el área (como la falta de modelos experimentales confiables, las dificultades para el correcto diagnóstico y atribución de causalidad, así como la relativa complicación para construir series de tamaño significativo) han generado iniciativas de registro sistemático de los casos de hepatotoxicidad en Europa, Estados Unidos, Asia y, más recientemente, Latinoamérica.2,3,8,9 Lo anterior ha permitido recabar información confiable sobre la presentación y curso clínico, así como generar conocimiento que contribuya al desarrollo de estrategias preventivas, al reconocimiento clínico y, con el tiempo, a nuevas terapias.

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La ocurrencia de colestasis —definida como una reducción del flujo biliar asociada con retención en el plasma de compuestos normalmente excretados a la bilis— en el contexto de la lesión hepática inducida por fármacos (colestasis inducida por fármacos [CIF]) es un hecho frecuente, observado en alrededor de 40 a 50% de los casos en los diferentes registros. El cuadro clínico de la CIF puede ser asintomático o de curso agudo o crónico y similar al observado en las enfermedades colestásicas clásicas, como la cirrosis biliar primaria. El curso clínico por lo general es difícil de predecir y en ocasiones, como en los casos en que existe destrucción de los conductos biliares (ductopenia), el daño puede determinar una colestasis prolongada y grave asociada con deterioro funcional e incluso condicionar la necesidad de efectuar un trasplante hepático.

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Dado que no existe un estándar de oro para el diagnóstico, la CIF a menudo se determina tras un diagnóstico de exclusión;10 sin embargo, el apropiado reconocimiento de la CIF puede prevenir la prolongación de la exposición al agente tóxico, y/o evitar intervenciones diagnósticas y terapéuticas innecesarias. El presente capítulo resume los conceptos actuales sobre la CIF incluyendo los aspectos fisiopatológicos y clínicos más relevantes sobre los que se basa un enfoque práctico de su manejo en la práctica diaria.

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Fisiopatología de la colestasis: función de los transportadores hepatobiliares

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La formación de la bilis ocurre gracias a un proceso de filtración osmótica en el que la secreción de ...

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