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Introducción

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La observación in vivo de las lesiones cutáneas, más allá de lo que permite la simple vista, se debe a la dermatoscopia, la cual comenzó a ofrecer sus virtudes en la Europa del siglo xvii. Desde luego, y en un principio, de forma paralela con bases físicas como la transiluminación y magnificación de características sutiles, en tanto se modernizaba el microscopio. Aunque el término es sencillo de definir, no lo es comprenderlo. Por lo pronto, corresponde asumir que encuentra su origen en la necesidad de lograr una mayor precisión y rapidez en el diagnóstico de las enfermedades de la piel. Muy a pesar de estudiosos en la materia cuya opinión sobre la suficiencia de la dermatología es que está lograda, hubo siempre perfeccionistas obstinados en lograr la comunión entre la microscopia y la dermatología.

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Todo comenzó en Europa durante el siglo xvii, en la misma época del Barroco, la época de la gente desmoralizada y abrumada por las constantes guerras y más, como consecuencia del abatimiento que conlleva el hambre y las epidemias de toda índole. El tiempo en que Galileo construyó un anteojo que permitió a la humanidad enterarse de que la Tierra no era el centro del Universo. El siglo en que Kepler definió al sistema solar luego de observarlo a través de vidrios de aumento y en el que Newton aclaró que la gravedad es la fuerza de atracción mutua entre los cuerpos.

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Fue el siglo que obligó al ser humano a rebelarse para poder brillar, aun dentro de la oscuridad de la época —fue el siglo de Cervantes y su Quijote, obra maestra de la literatura universal—. Por eso están ahí todos esos héroes que desde su trinchera contribuyeron al crecimiento de la humanidad. Es ahí donde dejan huella los primeros pasos de la dermatoscopia, el eslabón siguiente de la dermatología. Entonces, es necesario situarse en el contexto histórico para poder entender a aquellos seres inmersos en el estudio de la dermatología pese a la crueldad de la época. En sí, en este siglo del Barroco, lo desigual, lo irregular y lo raro se volvieron su característica. Aun así y por ello, nació la dermatoscopia.

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El origen

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Pero, ¿para qué la dermatoscopia, se preguntaron desde entonces y hasta la actualidad lo hacen algunos estudiosos de las enfermedades de la piel, si con la simple vista es suficiente? La respuesta inmediata y para no quebrarse la cabeza sería en el tenor de desechar las computadoras y calculadoras porque ahí está el ábaco. Sin embargo, se insiste, es la comunión entre la dermatología y la microscopia lo que ha permitido la insuperable e inequívoca precisión, así como la mayor velocidad en el diagnóstico. Por tal motivo, Johan Christophorus Kolhaus, en 1663, debió reproducir el trabajo de Pierre Borel, realizado entre los años 1620 y 1689, respecto a la observación en los capilares del lecho ungueal, ...

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