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Características funcionales del sistema venoso

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El sistema venoso es el encargado de conducir la sangre, desde los capilares hacia la aurícula derecha, gracias al gradiente de presión que existe entre el sistema venoso y la aurícula. Al servicio de esta función se encuentra una amplia red de capilares venosos (vénulas), que se anastomosan entre sí, lo que origina venas de diámetro cada vez mayor, que confluyen en dos grandes troncos, las venas cavas. Éstas vierten la sangre directamente en la aurícula derecha del corazón, por lo que el sistema venoso participa en la regulación del volumen minuto cardíaco. En las venas, la presión y la velocidad sanguínea son menores que en el sistema arterial y, a diferencia de éste, las paredes venosas son más delgadas y fácil se distienden, por lo que poseen gran capacidad para almacenar y liberar un importante volumen de sangre hacia la circulación sistémica. Por tanto, la segunda función del sistema venoso es la regulación del volumen sanguíneo, que actúa como un reservorio dinámico de sangre.

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El sistema venoso está implicado, además, en la regulación de la temperatura corporal. Las venas localizadas en la dermis, subdermis y en el territorio subcutáneo facilitan el intercambio del calor entre el cuerpo y el medio externo; a ello se suma la sudoración, que favorece a la pérdida de calor corporal por evaporación, y los pulmones a través del intercambio de calor con el medio externo, que tiene lugar en la respiración.

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Las venas no son sólo relevantes para la homeostasis cardiovascular, pues se utilizan como prótesis (bypass) o injertos para reparar arterias dañadas, por lo que el estudio de su comportamiento en estas situaciones es altamente relevante. Además, la alta prevalencia de la patología venosa hace que el conocimiento de sus funciones sea de gran importancia.

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Diferencias estructurales y funcionales entre los sistemas arterial y venoso

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El sistema venoso presenta importantes diferencias estructurales con respecto del arterial (figura 41-1):

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  1. Las venas están más ramificadas que las arterias; forman con facilidad plexos venosos, muy característicos a nivel cutáneo o pélvico. Esta característica explica por qué se puede suprimir una importante porción del sistema venoso sin modificar su función circulatoria.

  2. La presión hidrostática disminuye a lo largo de arteriolas y capilares desde 2 kPa (15 mmHg) en las vénulas, a 0.7-0.8 kPa (5-6 mmHg) en las grandes venas intratorácicas. Dado que la sangre de las venas cavas finaliza su recorrido en la aurícula derecha, la presión a este nivel se denomina presión venosa central (0.6 kPa o 4.5 mmHg). Su valor depende del balance entre el retorno venoso, que lleva la sangre desde la circulación sistémica a la aurícula derecha, y la función de bomba del ventrículo derecho que expulsa la sangre hacia la circulación pulmonar.

  3. La presión venosa media (0.26 kPa = 2 mmHg) es muy inferior a la arterial (12-13.3 kPa = ...

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