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Naturaleza de las hormonas

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Todos los tejidos especializados del organismo necesitan funcionar de forma integrada. Dicha integración es posible por la acción de dos grandes sistemas de control: el sistema nervioso, que establece una red de información electroquímica entre el cerebro y los tejidos, y el sistema endocrino, que utiliza mensajeros químicos, denominados hormonas. Así como las señales electroquímicas del sistema nervioso circulan por vías especiales, los nervios, que forman circuitos de conexión, las hormonas se vierten a la circulación sanguínea o al líquido intersticial a través de los cuales alcanzan sus órganos diana correspondientes, donde ejercerán sus acciones. De hecho, en función de la vía seguida por las hormonas para ejercer sus acciones podemos hablar de la existencia de sistemas autocrinos, paracrinos y endocrinos, según actúen sobre la propia célula que las produce, sobre células contiguas o en tejidos distantes.

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Las hormonas ejercen sus funciones biológicas a concentraciones pequeñísimas (10−6 a 10−12 M), actuando como catalizadores de reacciones preexistentes. Algunas hormonas actúan sólo sobre un tipo celular (tejido diana específico), mientras que otras lo hacen sobre distintos tipos celulares siempre que éstos dispongan de receptores específicos para dicha hormona (véase capítulo 69). La respuesta celular dependerá, en cualquier caso, de su programación genética previa, por lo que la misma hormona podrá generar distintas respuestas en distintos tejidos.

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El control de la secreción hormonal se realiza a través de sistemas cerrados mediante circuitos de retroalimentación (feedback). Cada circuito funciona encadenado a otro u otros, de manera que los cambios en uno de ellos determinan modificaciones en los demás. Se trata de un sistema cibernético en el que cada hormona, en vez de funcionar de manera independiente, lo hace en relación de interdependencia con las demás. Además, cada vez es más patente la estrecha relación con el sistema nervioso, hasta el punto que las diferencias existentes entre los neurotransmisores nerviosos y las hormonas han dejado prácticamente de existir, si tenemos en cuenta las modernas definiciones de hormona. Según Guillemin, hormona sería “cualquier sustancia que liberada por una célula actuase sobre otra célula, tanto cercana como lejana, e independientemente de la singularidad o ubicuidad de su origen y sin tener en cuenta la vía empleada para su transporte, sea esta circulación sanguínea, flujo axoplásmico o espacio intersticial”. Con todo esto y con el conocimiento de la existencia en las neuronas de un número elevado de péptidos con acción hormonal, van desapareciendo poco a poco las diferencias entre ambos sistemas de control, y se puede hablar cada vez con mayor propiedad de un gran sistema de control neuroendocrino (figura 68-1), con componentes autocrinos y paracrinos.

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Figura 68-1

Esquemas de las relaciones entre las células secretoras de hormonas y las células efectoras en los distintos sistemas de regulación.

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En función de sus características químicas, es ...

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