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INTRODUCCIÓN

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Las funciones sensitivas y motoras son interdependientes, como lo ilustraron de manera impresionante los primeros experimentos en animales de Claude Bernard y Charles Sherrington, en los que se abolían prácticamente todos los movimientos eficaces de la extremidad al eliminar sólo su inervación sensitiva (corte de las raíces posteriores). La interrupción de otras vías sensitivas y la destrucción de la corteza parietal tienen también un efecto profundo sobre la motilidad. En mayor extensión, la actividad motora humana depende de un arribo constante de impulsos sensitivos (la mayor parte de ellos imperceptible de manera consciente). Por tanto, la integración sensitiva y motora es necesaria para que funcione normalmente el sistema nervioso, pero las enfermedades pueden afectar una u otras funciones independientemente. Puede haber pérdida o trastorno de la función sensitiva, que llega a representar la manifestación principal de la enfermedad neurológica.

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En este capítulo se hace referencia a la sensación somática general, es decir, los impulsos aferentes originados en la piel, músculos y articulaciones. Ya se analizó en el capítulo 8 una forma de sensación somática, el dolor. Debido a su gran importancia clínica, se le concedió un capítulo particular, pero ambos son inseparables. En la próxima sección (caps. 12 a 15) se discuten los sentidos especiales: visión, audición, gusto y olfato; la sensación visceral (interoceptiva) se estudia con los trastornos del sistema nervioso vegetativo o autónomo (cap. 26).

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CONSIDERACIONES ANATÓMICAS Y FISIOLÓGICAS

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La comprensión de los trastornos sensitivos depende de cuánto se conozca la anatomía funcional. Es necesario familiarizarse con los receptores sensitivos de la piel y los órganos más profundos, la distribución de los nervios periféricos y las raíces nerviosas y las vías por medio de las cuales los impulsos sensitivos se transmiten desde la periferia, a través de la médula espinal y el tallo cerebral, hasta el tálamo y la corteza cerebral. Estos aspectos de la anatomía y la fisiología de la sensación se trataron con anterioridad en el capítulo 8, en relación con la percepción del dolor, y se mencionan otra vez aquí para abarcar todas las formas de sensación somática. Un punto de inicio adecuado es la figura 9-1, que muestra la distribución cutánea de los nervios periféricos.

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Figura 9-1.

Campos cutáneos de los nervios periféricos. (Tomada con autorización de Haymaker W, Woodhall B: Peripheral Nerve Injuries, 2a. ed. Philadelphia, Saunders, 1953.)

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Toda la sensación depende de impulsos producidos mediante estimulación adecuada de los receptores y transmitidos hacia el sistema nervioso central por fibras aferentes o sensitivas. Los receptores sensitivos son de dos tipos generales: los situados en la piel, que median la sensación superficial (exteroceptores), y los de los órganos somáticos más profundos (propioceptores). Los receptores cutáneos son particularmente numerosos y transducen cuatro tipos de experiencia sensitiva: calor, ...

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