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INTRODUCCIÓN

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Los sonidos nos alertan del peligro; la palabra hablada es el medio universal de comunicación; la música es uno de nuestros placeres estéticos más exaltativos. La pérdida de este sentido aísla a la persona del acontecer exterior, y las medidas de ajuste y recuperación de tal deficiencia obligan a una reorientación profunda. La prevención de la sordera es una de las finalidades de la medicina. La función vestibular garantiza al individuo ponerse y mantenerse de pie, estabilizar la posición de los ojos mientras se mueve la cabeza y desplazarse con elegancia. De aquí que la comprensión de las funciones del nervio auditivo, estatoacústico o vestibulococlear (VIII par craneal) y sus trastornos por enfermedad sean una preocupación legítima tanto del neurólogo como del otólogo. Como regla general, la asociación de vértigo y hipoacusia indica un proceso patológico de los órganos finales de la función auditiva y vestibular, o del VIII nervio. El lugar preciso de la enfermedad se determina mediante pruebas de las funciones laberíntica y auditiva, que se describen más adelante, y por los hallazgos en el examen neurológico y en estudios de imágenes que implican las conexiones primarias y secundarias del referido nervio craneal.

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CONSIDERACIONES ANATÓMICAS Y FISIOLÓGICAS

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El VIII par craneal tiene dos componentes independientes: el nervio coclear, cuya función es la audición, y el vestibular, destinado a las funciones de equilibrio y orientación del cuerpo y de los ojos al entorno. La división acústica tiene sus cuerpos celulares en el ganglio espiral del caracol, compuesto por células bipolares cuyas proyecciones periféricas transmiten los impulsos auditivos desde el neuroepitelio especializado del oído interno, el órgano espiral de Corti. Éste representa al órgano terminal de la audición, en el que el sonido se convierte en impulsos nerviosos. Consiste en cerca de 15 000 células neuroepiteliales (vellosas), que descansan sobre la membrana basilar, que se extienden a lo largo de las dos y media vueltas del caracol. Desde la superficie interior de cada célula vellosa se proyectan cerca de 60 vellosidades muy finas, o estereocilios, que están embebidos en la membrana tectoria, una estructura gelatinosa que cubre el órgano de Corti (fig. 15-1). El sonido determina que la membrana basilar vibre; el desplazamiento de la membrana basilar hacia arriba dobla los estereocilios hasta cierto punto fijos y produce un estímulo adecuado para activar las células vellosas. En seguida el estímulo se transmite hacia las fibras sensitivas del nervio coclear, que termina por medio de sinapsis en la base de cada célula vellosa. Cada fibra auditiva aferente y la propia célula vellosa con la que se conecta, tiene un umbral mínimo a una frecuencia (frecuencia “característica” o “mejor”). La membrana basilar vibra a frecuencias diferentes en toda su longitud, según la frecuencia del estímulo sonoro. De esta manera las fibras del nervio coclear reaccionan a todos los límites del sonido audible y pueden distinguir y resolver complejos de sonidos.

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Figura 15-1.

Sistemas ...

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