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INTRODUCCIÓN

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Las publicaciones en medicina están llenas de referencias a enfermedades que tienen fundamento en trastornos emocionales. La revisión minuciosa del material clínico permite detectar que se han clasificado en ese rubro muy diversos fenómenos: estados de ansiedad, ciclos de depresión y manías, reacciones a situaciones vitales apremiantes, enfermedades psicosomáticas y otras de naturaleza imprecisa. Es claro el abuso del término emocional. La ambigüedad resultante dificulta en grado sumo el análisis neurológico. De todas maneras, en ciertos estados clínicos los pacientes parecen estar excesivamente apáticos o exaltados bajo situaciones que en condiciones normales no conducen a estas manifestaciones de la emoción. Es a estos trastornos a los que se aplican las siguientes observaciones. Puede definirse como emoción cualquier estado de los sentimientos (como miedo, ira, excitación, amor u odio) acompañado de ciertos tipos de cambios corporales (sobre todo viscerales y bajo el control del sistema nervioso vegetativo) que resulta en un impulso para actuar o en cierto tipo de conducta. Si la emoción es intensa, puede sobrevenir un trastorno de las funciones intelectuales, esto es, desorganización del pensamiento racional y tendencia hacia una conducta más automática o no modulada, de carácter estereotípico.

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En la forma humana que se reconoce con mayor facilidad, la emoción inicia con un estímulo (real o imaginario), cuya percepción abarca reconocimiento, memoria y asociaciones específicas. El estado emocional que se engendra se refleja en una experiencia psíquica, por ejemplo, un sentimiento, o afecto, que es puramente subjetivo y que los demás identifican sólo por las expresiones verbales del individuo o por el juicio de sus reacciones de conducta. Este aspecto conductual, que en parte proviene del sistema autónomo (hormonal-visceral) y en parte del somático, se manifiesta por sí mismo en la expresión facial, la actitud corporal, las vocalizaciones o la actividad voluntaria dirigida del enfermo, un cuadro externo observable respecto al cual se utiliza el término afectividad. En otras palabras, la emoción al parecer tiene los componentes siguientes: 1) la percepción de un estímulo que puede ser interno (idea) o externo; 2) la sensación (o sentimiento); 3) los cambios autónomos-viscerales; 4) una demostración externa de la afectividad, y 5) el impulso a emprender algún tipo de actividad. En muchos casos de enfermedad neurológica no es posible separar estos componentes entre sí e insistir sobre ellos no hace más que indicar una tendencia particular del examinador. Es obvio que participan redes nerviosas de reacción afectiva y de cognición.

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Consideraciones anatómicas

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La aparición de reacciones emocionales anormales durante la evolución de una enfermedad se acompaña de lesiones que afectan de manera preferente ciertas partes del sistema nervioso central. Estas estructuras se agrupan bajo el término límbicas y se hallan entre las partes más complejas y menos comprendidas del sistema nervioso. La palabra latina limbus significa “borde” o “límite”. La introducción del término límbico(a) en neurología suele atribuirse a Broca, quien lo empleó para describir el ...

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